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Nadine Sierra: “Siempre supe que éste era mi destino…”

  • Foto del escritor: Mario Alegre-Barrios
    Mario Alegre-Barrios
  • 18 ene
  • 6 Min. de lectura
La soprano Nadine Sierra se presenta hoy domingo a las 4:30 p.m. en el Teatro Bertita y Guillermo L. Martínez del Conservatorio de Música.
La soprano Nadine Sierra se presenta hoy domingo a las 4:30 p.m. en el Teatro Bertita y Guillermo L. Martínez del Conservatorio de Música.

CON UNA VOCACIÓN que se remonta a su infancia en su estado natal de la Florida —siempre supo que el canto era su vida y su destino— la excepcional soprano Nadine Sierra regresa a la Isla para presentarse hoy domingo 18 de enero —a las 4:30 p.m.— en el Teatro Bertita y Guillermo L. Martínez del Conservatorio de Música, como parte de la serie de CulturArte de Puerto Rico “Grandes Artistas en el Conservatorio”.


El recital —titulado "Nadine Sierra le canta a Puerto Rico”, con el maestro Jonathan C. Kelly al piano— ha sido orquestado por Guillermo L. Martínez, fundador y director artístico de CulturArte, y marca el inicio del año en el que esta longeva y cimera institución celebra el cuadragésimo aniversario de su nacimiento, con una esplendorosa trayectoria marcada por la presentación, no solo de los más célebres cantantes operísticos del orbe, sino también de excelsos artistas en otros quehaceres, como el piano, el violín, la danza y la literatura.


Con ascendencia boricua —su abuelo paterno era puertorriqueño— Nadine conversó este miércoles vía telefónica con Esto Es El Agua desde Viena, donde está dando vida por primera vez en su carrera a la “Luisa Miller” de la ópera homónima de Giuseppe Verdi. De palabra fácil y desenfadada, la soprano de 37 años comenta que los primeros recuerdos que conserva —y que la hicieron consciente de que estaba en el mundo—  son de ella nadando y cantando en la piscina de sus padres.


— Recuerdo nadar tanto de pequeña que se me sangraban las plantas de los pies porque estaba constantemente en el agua, cantando “La Sirenita”, de Walt Disney. Creo que lo hacía todos los días porque también veía la película a diario, y quería ser “Ariel” y cantar como ella.


— Cuando eras niña, ¿pensabas que tenías otras opciones en la vida o sabías ya  que la música era tu destino?


— Siempre supe que éste era mi destino… nunca quise enfocarme en otra cosa, ni siquiera de niña. Siempre quise dedicarme al canto y al escenario. Creo que estaba obsesionada y supongo que, de alguna manera, sabía que sería artista. No sabía si tendría una gran carrera o si me haría famosa… eso nunca lo pensé ni quise pensarlo. Pero sí quería, de algún modo, ser cantante siempre. Sentía que tenía que serlo porque era todo en lo que podía pensar.


— Antes de tu primera visita a Puerto Rico como cantante profesional hace tres años, ¿cómo había sido tu relación con Puerto Rico?


— Cuando tenía 18 años fui a Puerto Rico por primera vez y me divertí muchísimo en un programa de verano que en aquel entonces se llamaba “International Vocal Arts Institute”, que todavía existe, pero ya no en Puerto Rico, sino en Tel Aviv y quizá en Montreal, Canadá. Pero el de Puerto Rico, uff, me encantó. Conocí cantantes de todo el mundo, bailamos salsa, comimos comida local, salíamos con gente… Cada vez que he ido a Puerto Rico lo he pasado fenomenal, y me recuerda a mi abuelo. Yo no lo conocí mucho porque mis abuelos paternos se divorciaron cuando era pequeña.



— ¿Cómo manejas la fama, Nadine, al ser considerada una de las mejores cantantes del mundo? ¿Cómo lo llevas?


— No es fácil porque conlleva mucha presión. Siento que tengo que rendir siempre al máximo nivel, y no solo en el escenario, sino también en los ensayos. Por ejemplo, hoy tuve un ensayo antes de nuestra llamada y estaba nerviosa porque nunca quiero decepcionar a nadie: ni al público, ni a mis colegas, ni al director, ni al maestro que me escucha en el ensayo. Luego siento que quizá no coincido con la idea que tienen de quién es Nadine Sierra. A veces pesa mucho, y creo que necesito más descansos de los que me permito o darme más vida aparte de intentar ser siempre Nadine Sierra. Equilibrar eso es muy difícil y creo que pocos lo entienden de verdad si no lo viven.


— ¿En qué repertorio te sientes más tú, más cómoda? ¿En bel canto, en los roles románticos? ¿Dónde disfrutas más, Nadine?


— Disfruto mucho el bel canto, pero me encanta el bel canto con más drama. Me encanta “Lucia” y algunas partes de “La Sonnambula”, sobre todo el final cuando “Amina” está muy triste y siente emociones profundas. Me encanta interpretar eso porque encuentro la música bellísima y, cuando canto, hasta me dan ganas de llorar de lo conmovedora que es. Pero también me gusta el repertorio más lírico, en el que aún no me he metido mucho. Quizá lo haga más adelante, pero he estado esperando, porque siento que ahí late más mi corazón. Quizá mi voz no esté aún lista, pero mi corazón pertenece más al Puccini y al Verdi que escuchaba de niña, al drama sobre el escenario, a hacerle creer al público que soy un personaje. Me atrae muchísimo como artista.



— Tu voz combina la virtuosidad técnica con gran expresividad. ¿Cómo logras el equilibrio entre técnica vocal y verdad emocional en el escenario?


— Para mí son lo mismo. Cuando aprendí a cantar, lo hice desde la perspectiva del personaje. Nunca separé técnica y expresividad. Aprendí técnica de una forma más práctica: como si ya estuviera en escena interpretando, no simplemente haciendo escalas y ejercicios. Eso me ayudó mucho. En el escenario, muchas veces ni pienso en la técnica, simplemente canto a través de las emociones y de lo que el personaje dice en cada momento. Esa libertad es fantástica: no tengo que preocuparme por la técnica, sino por ser creíble.


— La ópera a veces se percibe como un arte lejano. ¿Cómo crees que puede conectar con nuevas generaciones?


— Creo que los cantantes deben ofrecer funciones que dejen al público boquiabierto, jóvenes y mayores. No es que la ópera no sea para jóvenes; el problema es que muchas producciones no profundizan ni en el canto ni en la interpretación. Es muy raro que un artista realmente me atrape; los que lo hicieron ya no están, como Callas, o tenían voces que cautivaban de inmediato, como Pavarotti. Muy pocos consiguen que la gente se enamore de la ópera. Mi objetivo ha cambiado porque quiero que la gente de mi edad, o más joven, se enamore de la ópera igual que se enamora de una película: que la función te quite el aliento, te sorprenda. No hay ingrediente mágico; es dar una función memorable, como hacían Callas, Domingo, Tebaldi… Si quieres atraer público joven, eso es lo que hay que ofrecer.


— Has trabajado con grandes directores y orquestas. ¿Qué colaboración atesoras más?


— Valoro mucho mi tiempo con Zubin Mehta y con Daniel Barenboim. Y, de cantantes, con Leo Nucci en “Rigoletto”. Fue increíble trabajar con estos maestros de la vieja escuela, unas verdaderas leyendas.


— Cuando no estás en el escenario, ¿cómo te desconectas y recargas baterías?


— Me gusta hacer cosas normales. Tengo un novio encantador con el que paso mucho tiempo; me gusta ir de compras, ver películas o series en Netflix, ir al gimnasio… y la comida, me encanta la comida: francesa, italiana, japonesa, china, algo de española… y la puertorriqueña, sí, me gusta y estoy deseando volver a probarla. Y un poco de sol, porque en Viena hace muy poco.


— ¿Cómo te llevas contigo misma, Nadine? ¿Cómo es tu relación con Nadine?


— A veces soy muy dura conmigo, siempre quiero hacerlo mejor de lo que me reconozco. Me infravaloro y me crítico, pero también he aprendido a ser paciente y a cuidarme lo mejor que puedo. A veces no lo hago tan bien, pero lo intento. Podría tratarme algo mejor en ocasiones, sin duda.


— ¿Te cansas de las entrevistas? ¿Te agota tener que decir siempre las mismas cosas?


— No, no me molesta. Lo que noto es que muchas entrevistas se vuelven muy políticas, sobre todo por ser americana, y siempre acaban relacionándote con Trump o preguntándote cómo van las cosas en Estados Unidos Sé lo que buscan y a veces me cansa un poco.


— Además de algún día dar vida a la “Mimí”, de “La Bohéme”, ¿qué sueñas con los ojos abiertos?


— Tener mi propia familia. Que todo lo que he logrado en mi carrera también funcione en mi vida privada, que esté estable, segura. Porque hasta ahora mi carrera ha ido bastante bien y siempre he encontrado respuestas, pero en mi vida personal, organizar mi futuro. ¿Quiero hijos?, siempre ha sido un signo de interrogación. Ya tengo edad de decidirlo, así que pediría eso.



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