• Mario Alegre-Barrios

Liberados por la educación doce reclusos graduados en la IUPI



“ME PARIÓ FANY el 30 de mayo de 1978 en Santo Domingo, República Dominicana… mi interés es la filosofía y ser maestro algún día”.


Así de estremecedora es la escueta presentación de Raúl Reyes Chalas, uno de los doce reclusos que en algún momento de sus vidas —hace ya algún tiempo— escucharon de parte de un juez una sentencia que cancelaba casi por completo la posibilidad de volver a ser libres.


Esta mañana, Raúl y otros siete varones y cuatro mujeres pertenecientes a la primera clase egresada del Proyecto de Estudios Universitarios para Personas Confinadas fueron ovacionados y exaltados como ejemplo de superación y de lo que el sistema correccional de esta tierra debe hacer a una escala muchísimo mayor para cumplir con su deber ministerial de rehabilitación.


En el Anfiteatro # 1 de la Facultad de Estudios Generales del Recinto de Río Piedras de Puerto Rico, los ocho hombres del Anexo 292 de Bayamón, y las cuatro mujeres del Complejo de Rehabilitación para Mujeres, fueron objeto de una ceremonia de reconocimiento por haber culminado sus estudios para obtener un bachillerato en Artes con concentración en Estudios Generales.


El proyecto que ha hecho posible esto fue gestado desde el comienzo de la última década del siglo pasado por el fenecido maestro, historiador y padre jesuita Fernando Picó, y fue concretado en el 2014 a través de un acuerdo entre la IUPI y el Departamento de Corrección, con la doctora Edna Benítez como dínamo principal, luego del deceso del doctor Picó.


La larga ceremonia —con la doctora Janine Santiago como maestra ceremonia y con los extensos discursos habituales, algunos emotivos— reunió a estos flamantes graduados con familiares —dos por cada cual— quizá por primera vez en mucho tiempo fuera de los muros de sus respectivas instituciones penales. Ataviados con toga, birrete y mascarilla, los doce desfilaron al inicio a través del escenario, ocuparon las butacas designadas para ellos y disfrutaron la ceremonia, siempre sonreídos y prestos a los vítores y aplausos, en especial en reacción al mensaje de Edna Benítez —sin duda su heroína— y las palabras de los estudiantes Ilka Cruz Rosario y Juan Negrón Ayala, quienes hablaron en nombre propio y en el de sus compañeros


En su felicitación a los graduandos, el rector —y nuevo presidente de la UPR— doctor Luis Ferrao, destacó su relación personal con don Fernando Picó y la manera como el padre jesuita venció la resistencia inicial del sistema correccional para dar la oportunidad de educarse y rehabilitarse a quienes pueblan las instituciones penales, con énfasis especial en aquellos con condenas largas y de máxima seguridad.


Asimismo, Edna Benítez rindió tributo al espíritu indomable de los nuevos gallitos y jerezanas, con frecuentes referencias a la manera como don Fernando Picó luchó y la orientó para que continuase adelante con el proyecto.


Una vez culminó la ceremonia —al ritmo de salsa de la "gorda" a cargo del conjunto dirigido por el doctor Carlos Sánchez Zambrana, decano de la Facultad de Estudios Generales—, varios miembros de la Prensa abordaron a los graduandos antes de que pasaran a un espacio aparte, reservado para ellos y sus familiares.



“La educación me liberó”


Tiene solo 32 años y una larga condena por delante que podría acortase. Desde la incertidumbre, la ilusionan la esperanza y este logro que califica como “indescriptible”.


“Sí —reitera Coraly Campos Rodríguez con la mirada humedecida por le emoción— éste es un logro indescriptible… un cambio de visión de mundo de principio a fin. La educación me liberó. Yo estoy detenida físicamente detrás de unos barrotes, pero lo que la Universidad me dio nadie me lo quita”.


Con firmeza Coraly asevera que ahora va “por la maestría y, eventualmente, por la libertad”.


“Esa es mi nueva meta ahora””, asevera. “Anhelo trabajar con los sectores más vulnerables porque son los más marginados, los más castigados. ¿Cuándo? Eso no lo sé, solo espero que pronto”.


En la improvisada sala de reuniones, graduandos y familiares se abrazan y conversan con miradas cargadas de una nostalgia anticipada ante la ya inminente despedida. Fotos y más abrazos, tratando de prolongar el tiempo; intentando grabar en la memoria el instante y el sentimiento, en lucha con la añoranza por lo perdido.


Sus nombres: Camilo Arango Latorre, Verónica Jiménez Nevárez, Miguel Nieves Domínguez, Christopher Reyes Pérez, Javier Rodríguez Rodríguez, Jedery Santana Durán, Javier Santos García y Omayara Torres Sánchez, además de los ya mencionados.


Emociones mezcladas, no solo en ellos, también en mí, cuando me doy cuenta de que veo las miradas brillantes de estos reclusos graduandos y no percibo en ellas ningún rastro de las razones que alguna vez los llevaron por caminos errados. Me trago las preguntas. Ese momento es de ellos


Si pudiera, sólo le preguntaría a Fany qué diría al ver graduado en la IUPI a ese niño que parió hace justamente 44 años.








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