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“Puerto Rico es uno de esos lugares que nunca se olvidan”

  • Foto del escritor: Mario Alegre-Barrios
    Mario Alegre-Barrios
  • hace 7 horas
  • 6 Min. de lectura
Los hermanos Sérgio y Odair Assad se depedirán de Puerto Rico con un concierto el sáado 7 de febrero en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico.
Los hermanos Sérgio y Odair Assad se despedirán de Puerto Rico con un concierto el sabado 7 de febrero en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico.

CON UNA FULGURANTE y longeva carrera artística de sesenta años, el dúo de los hermanos brasileños Sérgio y Odair Assad se despedirá para siempre de Puerto Rico con un concierto el sábado próximo —7 de febrero— a partir de las 7:30 p.m. en el Teatro del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico.


— La realidad es que llevamos sesenta años tocando juntos y nos encanta hacerlo, pero llega un momento en la vida en que hay que tomar una decisión —nos dice Sérgio vía Zoom desde Nueva York. Odair no estuvo disponible para la charla por vivir en Báselas—. Es una decisión difícil porque significa que ya no vamos a tocar conciertos juntos, aunque eso no quiere decir que vayamos a detenernos por completo. Tal vez hagamos algunas grabaciones que sentimos que aún debemos realizar. Pero salir de gira, viajar constantemente, se vuelve muy duro cuando llegas a cierta edad. Yo tengo 73 años. Siempre le dije a mi hermano, que es cuatro años menor, que cuando llegara a los 70 pararíamos. Él está llegando a esa edad ahora, así que creo que es el momento adecuado.


— Sérgio, sesenta años tocando juntos no es solo una carrera artística, es una vida compartida. ¿Qué imagen o sonido le viene primero a la mente cuando piensa en este largo recorrido con su hermano?


— Bueno, honestamente, cuando comenzamos este camino no teníamos idea de adónde nos llevaría ni dónde estaríamos. Creo que no tuvimos realmente otra opción. De algún modo fuimos impulsados, sobre todo por nuestro padre. Él era músico aficionado y la idea de tener a sus hijos tocando en conciertos le resultaba muy atractiva. Así que no escatimó esfuerzos para que eso ocurriera: trasladó a toda la familia a Río de Janeiro para darnos la oportunidad de estudiar con alguien calificado. Aun así, nunca pensamos que el recorrido sería tan largo. Es muy difícil de percibir o de prever algo así.


— ¿Recuerda el momento exacto en que ambos se dieron cuenta de que no eran solo dos guitarristas, sino un dúo con una voz propia?


— Creo que durante muchos años estuvimos persiguiendo un sueño: viajar por el mundo tocando guitarra clásica. Pero eso es una tarea difícil, no se materializa de la noche a la mañana; requiere mucho esfuerzo y dedicación. Durante muchos años estudiamos en Brasil con la esperanza de que algún día realmente despegaríamos. Pero en realidad no sabíamos durante mucho tiempo en qué nivel estábamos. En aquellos años —hablo de los años setenta— no tenías acceso a otros intérpretes realmente buenos. No había internet, nada, solo discos. No podías ver a otros guitarristas, así que no podíamos medirnos con nadie.



— ¿Cómo lograron superar esos desafíos iniciales?


— Cuando salimos por primera vez y tuvimos la oportunidad de tocar en París, en 1981, ese fue el año en que nos dimos cuenta de que estábamos a un muy buen nivel. Nos tomó muchos años comprenderlo y darnos cuenta de que era posible seguir una carrera internacional. Fuimos a Río en 1969, así que hablo de unos doce años de espera sin saber exactamente dónde estábamos. Tengo muy buenos recuerdos de esa etapa porque nuestra maestra, Monina Távora, discípula de Segovia —estudió con él durante siete años mientras vivía en Montevideo— nos obligó a tocar el repertorio clásico estándar. No nos permitía tocar nada que perteneciera a nuestro pasado. Nosotros crecimos escuchando a nuestro padre tocar “chorinhos” brasileños, música tradicional, y ella no lo permitía. No pudimos mezclar esas influencias hasta que ella regresó a Argentina, alrededor de 1986 o 1987. Fue entonces cuando retomamos la tradición brasileña y empezamos a tocar música de Astor Piazzolla. Eso dio muchos frutos más adelante. Así que cuando iniciamos la carrera, en 1981 o 1982, ya teníamos ese repertorio en nuestra formación, lo que nos permitió tocar obras de Piazzolla y de Gnattali. Ese repertorio diferente fue lo que hizo que las cosas sucedieran.


— Puerto Rico ha sido una parada recurrente en su carrera. ¿Qué lugar ocupa esta isla en la historia emocional del Dúo Assad?


— Fuimos a Puerto Rico al inicio mismo de nuestra carrera en Estados Unidos. No recuerdo el año exacto, quizá 1983 o 1984. Fue realmente al comienzo. Allí conocimos a Ernesto Cordero, nos hicimos amigos y la pasamos muy bien. También recuerdo al maestro Francis Schwarz. Lo conocimos en París en 1982 y luego nos llevo a San Juan para tocar. Es un hombre extraordinario y un gran compositor. Recuerdo que la primera vez fue como magia: llegar a Puerto Rico y escuchar el coquí. Fue algo muy especial. Tenemos una imagen muy clara de esa primera visita. Luego regresamos años más tarde; creo que hemos estado en la Isla unas tres o cuatro veces. Puerto Rico es uno de esos lugares que nunca se olvidan. Hemos estado en muchos sitios del mundo y hay lugares que apenas recuerdas, pero Puerto Rico no. Siempre recuerdo a la gente, la atmósfera, la magia del lugar.



— Después de tantos viajes, tantos escenarios, aeropuertos y hoteles, ¿cuál es la mayor lección que ha aprendido, tras recorrer el mundo durante sesenta años?


— Creo que siempre hemos tenido una especie de misión. No es casualidad que mi hermano y yo hayamos nacido en la misma familia y que hayamos tocado juntos durante tanto tiempo. Con el paso de los años aprendí que realmente puedes darle mucho al mundo. Hemos tenido personas que se nos acercan pensando que nuestra música les salvó la vida. Recuerdo claramente a un joven canadiense que vino a vernos en Nueva York. Después del concierto quiso hablar con nosotros y nos contó que, cuando estaba hospitalizado con cáncer y pensaba que iba a morir, empezó a escuchar uno de nuestros discos. Eso despertó algo en él y comenzó a escuchar toda nuestra música constantemente. Él creía que nuestra música lo ayudó a salir de ese momento, que le ayudó a sobrevivir. No creo que seamos responsables de eso, pero cuando alguien cree profundamente en algo, eso se vuelve real. En ese sentido, me sentí muy orgulloso de que la música pueda ayudar a alguien a recuperar la vida. Hay muchos ejemplos de este tipo: cuando das algo, de alguna manera lo recibes de vuelta. Siempre tratamos de ser honestos con nosotros mismos, tocando solo la música en la que creemos. Nunca hicimos concesiones para complacer a un público. Tocamos aquello que sentimos verdadero, nuestra verdad.


— Como compositor, ¿cómo ha influido Odair en su escritura musical?


— Desde el inicio, Odair fue un guitarrista técnicamente más dotado que yo. Es casi un genio del instrumento. Eso me permitió escribir sin pensar en límites: todo lo que era muy complicado se lo pasaba a él. Esa experiencia del dúo influyó incluso en mi escritura para guitarra sola. Siempre pienso de forma polifónica, con dos o tres capas activas, a veces complejas. En ese sentido, él me ayudó muchísimo.


— Con tantos conciertos a lo largo de los años, ¿dónde encuentran la magia cada vez que salen al escenario?


— Nuestra maestra nos enseñó que la música ocurre en un momento específico, según cómo nos sentimos y según el espacio acústico. Ella no congelaba las interpretaciones; dejaba todo abierto al momento. Eso nos enseñó a reaccionar al entorno, a tocar de manera distinta cada vez. Las notas pueden ser las mismas, pero la forma de tocarlas cambia. Ahí es donde ocurre la magia.


— Ante la inminencia del retiro, ¿qué emociones predominan ahora… gratitud, nostalgia, alivio, plenitud?


— Creo que todas están ahí. Sobre todo gratitud por estar vivos después de sesenta años haciendo lo mismo. No tengo resentimientos ni arrepentimientos. La vida es una combinación de elecciones y creemos que elegimos bien.


— Después de esta despedida, ¿cómo imagina su relación con la guitarra?


— La guitarra es casi un vicio. Siempre está conmigo. No va a desaparecer. Seguiré componiendo y tocando todos los días, aunque sea cinco minutos. La relación será muy positiva.


— Finalmente, Sergio, si el joven Sergio que comenzó a tocar con su hermano pudiera verlo hoy, ¿qué cree que le diría?


— Creo que estaría muy sorprendido por lo lejos que llegamos. Yo mismo lo estoy. Tenía un sueño, pero nunca imaginé hasta dónde podríamos llegar.


— ¿Algo más que desee decir sobre este concierto y esta visita a Puerto Rico?


— Me encantaría reencontrarme con las personas y amigos que conocimos en San Juan. No sé cuántos siguen allí, pero sería hermoso verlos en esta última reunión.



“Los Hermanos Assad son dos figuras fundamentales, referentes de la guitarra clásica mundial. Este concierto celebra décadas de trayectoria artística y ofrecerá al público puertorriqueño la oportunidad de vivir una experiencia musical en vivo de la más alta calidad artística”, dice Karen Schneck Malaret, directora ejecutiva de Pro Arte Musical.


El programa de la noche incluirá piezas de grandes maestros latinoamericanos y obras originales, entre ellas: “Bandoneón & Zita”, de Astor Piazzolla; “Valsa & Corta-Jaca”, de Radamés Gnattali; la suite “One Week in Rio”, de Sérgio Assad, inspirada en paisajes y ritmos de Río de Janeiro; “Jongo”, de Paulo Bellinati; “Palhaço & Baião Malandro”, de Egberto Gismonti; y “Tahhiyya li Ossoulina”, obra premiada de Sérgio Assad inspirada en las raíces familiares y culturales del dúo, entre otras obras maestras escritas para la guitarra..


Los boletos para este concierto están disponibles en Ticketera. Para más información sobre los conciertos de la Temporada 2025-2026 y/o conocer sobre las membresías de Pro Arte Musical disponibles, llame al (787) 722-3366 o escriba un correo electrónico a: proarte@proartemusical.com.

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