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Bernheim y Hamaoui defienden la ópera frente a la inteligencia artificial

  • Foto del escritor: Mario Alegre-Barrios
    Mario Alegre-Barrios
  • hace 1 día
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: hace 1 día


CÓMPLICES DENTRO y fuera del escenario, el tenor francés Benjamin Bernheim y la soprano francoestadounidense Sandra Hamaoui se enamoran todos los días de lo que más aman: la ópera, en especial al reconocer la necesidad tan grande que tienen los seres humanos de seguir conectados con lo que de humanos aún nos queda, ante el embate asfixiante de la tecnología, en especial de la inteligencia artificial.

 

Luego de un memorable debut en Puerto Rico en el 2024 en el Concertone VII de CulturArte de Puerto Rico, estos grandes cantantes de calibre mundial regresan a Puerto Rico —también gracias a  CulturArte y a su fundador y director artístico Guillermo L. Martínez— para encabezar el elenco de “Romeo y Julieta”, de Charles Gounod, que se presentará este sábado a las 7:30 p.m. en la Sala Sinfónica Pablo Casals, con un elenco que incluye a los puertorriqueños Ricado J. Rivera, Hilda Ramos, Brayan Molina, Ricardo Sepúlveda, Nestor Cerda y Christian García, acompañados por la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, con el maestro Maximiano Valdés en el podio y Gilberto Valenzuela en la dirección escénica.

 

Considerada como una de las más grandes óperas del repertorio francés, “Romeo y Julieta” tiene un significado de profundas resonancias emotivas para Benjamin y Sandra.

 

—En realidad, “Julieta” fue el primer papel que abordé cuando tenía 11 años, y lo hice en una obra escolar. Así que, para mí, realmente es todo un recorrido de más de 20 años hasta llegar también a la ópera, que ambos ya hemos hecho dos veces— dice Sandra—. Significa muchísimo porque es una historia atemporal, y traerla de vuelta en 2026, es una gran responsabilidad.

 

—Yo descubrí “Romeo y Julieta” más tarde, principalmente como ópera, luego leí mucho sobre ella. Pude cantarla algunas veces, Y lo que es muy importante es que no importa en qué lugar del mundo estés, cuando dices “Romeo y Julieta”, el 99% de las personas sabe de lo que estás hablando: el amor prohibido entre dos familias que se odian, y creo que, en el mundo de hoy, donde hay tanto conflicto y odio en el mundo, podemos imaginar que en cada país deben haber varios “Romeo y Julieta”.

 

—¿Es difícil para ustedes cantar y viajar, siendo pareja en el amor?

 

—No lo creo —dice Sandra—. Siento que tenemos mucha complicidad cuando trabajamos juntos. Tenemos una gran confianza el uno en el otro y un ritmo muy parecido. Ambos tenemos una manera similar de empezar el día y un régimen compartido de hacer ejercicio y de comer saludable para que nuestros cuerpos estén en forma para esto. Nos complementamos muy bien.

 

—Pero también porque cuando trabajamos juntos, somos los oídos y los ojos del otro, así que nos ayudamos mutuamente, sobre pequeños detalles, sobre pequeñas cosas, sobre lo que trabajamos, pero también como pareja —añade Benjamin—. Pero cuando trabajamos juntos, también viajamos mucho juntos. Hemos construido una gran confianza dentro y fuera del escenario.

 

—Benjamin, tus interpretaciones del repertorio francés han sido ampliamente elogiadas. ¿Qué elementos técnicos consideras esenciales para lograr autenticidad estilística en Gounod?

 


—Ya sea en Gounod u otro repertorio, no solo francés sino también italiano, creo que hay que ser fiel al texto y a la historia que contamos. Esto es algo que he estado experimentando a lo largo de todas mis experiencias con “La Bohème”, “La Traviata”, “Romeo, “Manon”, en fin… La técnica vocal también es, por supuesto, muy importante. Necesitas poder cantar el papel y saber y sentir lo que significa el texto, y no simplemente declamarlo, porque el público lo siente.

 

—Sandra, “Julieta” es un papel que evoluciona de la juventud a una intensidad dramática profunda. ¿Cómo manejas esa evolución vocal y expresiva a lo largo del texto?

 

— Es algo que creo que toma muchos años de absorberse y de “marinarse”, porque es un reto, por supuesto, pasar de este personaje muy juvenil, más ligero, más inocente, a algo mucho más desarrollado y valiente, femenino, sin miedo. Y la voz necesita seguir ese camino. Así que tengo que calentar de una manera al principio, un poco más alto, un poco más ligero y luego tengo que, en el intermedio, recalibrarme vocalmente para poder responder a las exigencias que vienen en la siguiente parte. La belleza de ese recorrido esta llena de facetas, retos y momentos muy sublimes.

 

—Benjamin, tu carrera te ha llevado a las principales casas de ópera del mundo. ¿Cómo ha evolucionado tu relación con el repertorio francés a lo largo de esos escenarios?

 

—He luchado mucho en los últimos años para ayudar a difundir el repertorio francés… somos muchos cantantes haciendo eso, para que los directores de ópera, los directores de casting y quienes programan grandes temporadas, nunca olviden la ópera francesa, porque la amo profundamente. Y también porque creo que estos compositores —Gounod, Massenet, Bizet— dieron vida a historias muy importantes, ya sean de Shakespeare, de Goethe y de tantos otros.

 

—Sandra, ¿qué momentos o papeles han sido decisivos en la formación de tu identidad artística rumbo a “Julieta”?

 

—Bueno, recientemente hice mi primera “Violetta” en “La Traviata”, y diría que ese es un momento muy decisivo en la vida de una soprano. Porque, como hablábamos antes de ese arco dramático y vocal, creo que la culminación más alta de eso es “Violetta”, quien lo hace en un espectro tan amplio. Así que cuando abordas algo así, las cosas ya no parecen fáciles después, pero sí parecen, de alguna manera, más manejables. Y también “Gilda”, de “Rigoletto”, de Verdi, y Susanna en “Las bodas de Fígaro”, de Mozart. Mientras que Verdi es cardio para la voz, Mozart es Pilates.

 

—¿Qué sueñan con los ojos abiertos cuando miran hacia el futuro? ¿Qué les gustaría ver en sus vidas, en sus carreras?

 

—Es un objetivo de encuentro constante con el público —dice Benjamin—. Me encanta la idea de viajar por el mundo a diferentes casas de ópera y salas de concierto, y encontrarme con el público y asegurarme de que esta forma de arte, que es muy rica y completa, siga siendo accesible para las personas que vienen a la ópera por primera vez, ya sea un abuelo que lleva a su nieto o nieta por primera vez a la ópera, o personas que simplemente sienten curiosidad.

 


—Es una pregunta interesante, especialmente hoy con tanta presencia de la inteligencia artificial —comenta Sandra —. Si me hubieras hecho esta pregunta hace dos años, tal vez habría tenido una respuesta completamente diferente. Y donde antes me preocupaba el futuro y la salud de nuestra industria, ahora en realidad me siento más confiada y segura, porque, de alguna manera, cuanto más veo que las cosas se dirigen hacia la tecnología, cuanto más veo a las personas en sus teléfonos y dependiendo de la inteligencia artificial, más creo que las personas van a anhelar el contacto humano que encuentras en el teatro. Porque no hay nada que interrumpa eso. No hay ningún cable eléctrico que amplifique el sonido. Es la vibración de la voz humana reverberando en el oído del público. Los humanos necesitan contacto humano, y no hay nada más humano que esta forma de arte.

 

—Sí… Tiene que haber misterio, belleza, amor —añade Benjamin—. Muchas cosas tienen que ser llevadas al público para que venga al teatro. Tenemos mucha responsabilidad. Y eso que dice Sandra sobre la inteligencia artificial es muy cierto. Siento y veo en Europa, y también en Estados Unidos y Sudamérica, que la gente sale. Es un gesto social vestirse, ponerse algo bonito e ir a un concierto de música clásica o a una ópera.

 

— ¿Qué sabían de Puerto Rico antes de su primera visita? ¿Qué pensaban de los puertorriqueños?

 

—Bueno, viví en Miami por más de 10 años, así que para mí esta tierra y su gente me eran bastante cercanos, con mucha influencia cultural, musical y gastronómica —comenta Sandra con un guiño—. Así que mejor que responda Benjamín.

 

—La primera vez que escuché la palabra “Puerto Rico” fue en “West Side Story.”, de Bernestein —dice él con una sonrisa—. Y “West Side Story” y “Romeo y Julieta” tienen la misma sustancia. Dos familias o dos personas odiándose. Rivales, un amor imposible, Tony y María. Y básicamente, esa fue la primera vez, y recuerdo haber preguntado a mis padres: “¿Qué es Puerto Rico? ¿Dónde está Puerto Rico?”. Y lo que aprendí fue que es una isla en el Caribe que es americana sin ser americana. Y yo era un niño, así que decía: “No entiendo”. Y ves, años después, hace dos años, a cantar aquí. Me senté con gente para preguntar: “¿Qué significa vivir aquí, estar aquí?”. Y también sentir. Creo que la oportunidad que tuve fue sentir la atmósfera de este lugar, el clima, la humedad, el calor. Conocer a la gente en la calle, observar y hacer preguntas. Así es como conozco Puerto Rico, y es la segunda vez que venimos. Así que puedes ver que realmente nos gusta. Muchas gracias a CulturArte de Puerto Rico y al señor Guillermo Martínez por traernos y por la labor tan única y valiosa que han hecho durante tantos años de mecenazgo en las artes.


(Esta entrevista fue publicada originalmente -de manera parcial- en le edición electrónica de El Nuevo Día del 17 de abril de 2026)

 

 Fotos: Benny Bautista

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