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  • Mario Alegre-Barrios

Las hermanas Cartagena celebran su pasión musical


SER HIJAS de un padre que siempre anheló aprender a tocar guitarra de alguna manera definió el camino que las tres habrían de seguir en la vida. Formadas desde la infancia por la herencia de esa pasión musical, las hermanas Lynnette, Rosaly y Cyntha Cartagena Quiñones celebran mañana sábado los quince años del proyecto que -desarrollado como Kids & Musik– se ha convertido en la Escuela Puertorriqueña para la Música.

Enclavada en la renovada estructura del número 1805 de la avenida Ponce de León, en la Parada 26, en Santurce –a unos pasos de la Universidad del Sagrado Corazón– esta institución estará de fiesta mañana entre 11 a.m. y 4 p.m. en una actividad abierta para todo el público, con música, artesanías, comida típica, casas de brincos y la participación de las agrupaciones Y no había luz… y el Circo Nacional de Puerto Rico.

Hijas de don Héctor Cartagena y doña Rosa Quiñones –quienes trabajan con ellas–, Lynnette, Rosaly y Cynthia lideran la Escuela Puertorriqueña para la Música / Kids & Musik que –con un equipo de 24 profesores– atiende a cerca de 350 estudiantes en instrumentos como violín, violonchelo, piano, flauta, arpa y guitarra, todo a través del reconocido método Suzuki.

–Mi papá siempre quiso aprender a tocar la guitarra –dice Cynthia, la flautista del trío–. Vivíamos en Levittown, pero nuestros abuelos vivían en Caparra Terrace, que fue donde mayormente nos criamos. El director el coro de la escuela era el pianista Víctor Meléndez. Él daba clases en el Programa de Cuerdas para Niños del Conservatorio de Música. Víctor le recomendó a papi el Programa y así fue como poco a poco entramos las tres.

–Víctor me llevó a una audición para cantar Turandot, en el coro de niños –dice Lynette, la violinista y quien es miembro de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico–. Eso fue a principios de los 80. Francisco Cabán también estaba conmigo en la escuela y Víctor lo metió también a él en la música. Yo empecé a estudiar violín con Robert Donahew y Cynthia estudiaba flauta con Rosemary, la esposa de Robert. Luego estudié con Henry Hutchinson.

–Para ingresar en el Programa de Cuerdas entré en violonchelo, con Ramón Archilla –recuerda Cynthia, quien es miembro de la Filarmónica de Puerto Rico y de la Banda de Conciertos de Puerto Rico–. Y Rosaly tomó piano con doña Luz N. Hutchinson y también cogió violonchelo para entrar en el Programa de Cuerdas.

–Una cosa es abrazar un instrumento y la música como un pasatiempo y otra decidir dedicarse a eso como forma de vida… ¿cómo se dio esto?

–Bueno, como las tres tocábamos, era muy entretenido y dondequiera tocábamos juntas –dice Lynnette-. Era algo de lunes a viernes y los fines de semana la orquesta. La mayoría de los amigos de ahora son los amigos del Programa de Cuerdas. Papi nos llevaba a las clases, a los ensayos, a los conciertos y, cuando llegábamos a casa, mami tenía lista la comida para comer y acostarnos a dormir. Fue algo muy orgánico y, aunque estudiamos otras cosas, la música siempre ha sido el centro y lo que nos une vocacional y profesionalmente.

Además de su bachillerato en violín en el Conservatorio de Música, Lynnette se graduó en Administración de Empresas y estudió programación de computadoras en la Universidad de Puerto Rico, Cynthia tiene una maestría en Educación y Rosaly hizo un grado asociado en Nutrición y una maestría y doctorado en Psicología.

–Además de la nutrición y psicología, doy clases de piano –dice Rosaly, quien también enseña en la Universidad del Sagrado Corazón-. Me interesa mucho trabajar con los cambios que opera la música en los niños. Los beneficios son enormes, tanto a nivel cognitivo como en la autoestima y seguridad. Está comprobado que hay grandes cambios a nivel cerebral cuando se estudia música.

–¿Cómo nació la idea de una escuela?

–Yo tengo una hija de 22 años, Paola Vázquez, que es violinista –explica Lynnette–. Cuando Paola era una niña de tres años, escuche del método Suzuki y la llevé a tomar clases con Susan Ashby, la pionera de este concepto. Antes de eso todos estudiamos de la manera tradicional. Cuando conocí el método, me fui a certificar a Estados Unidos. Mientras mi hija estudiaba con Susan, yo comencé a dar clases privadas en mi casa con este método que funciona de manera espectacular.

–¿A grandes rasgos, en que consiste el método Suzuki?

–El método Suzuki se basa en la imitación –explica Lynnette–. El niño escucha y reproduce por imitación. Se le da el instrumento a temprana edad y, antes de saber de notas y de lectura de música, tocan de oído. Se tiene la convicción de que todo niño es capaz de aprender a tocas un instrumento, contrario al credo de que solo lo pueden hacer quienes tienen un talento especial. Los padres están con los niños en clase y son parte fundamental del proceso.

–Uno se sorprende como niños tan pequeños pueden aprender con este método –añade Rosaly-.

–Luego de que yo comencé a dar clases en casa, Rosmary le dijo a Cynthia que se certificara en flauta y luego Rosaly se certificó en piano –dice Lynnette–. Las tres dábamos clases en mi casa, pero llegó el momento en que ya no cabíamos. Cynthia se fue a hacer su maestría en Educación en Orlando y, cuando regresó, me dijo que teníamos que mudarnos. Alquilamos un local en la calle del Parque y ahí estuvimos nosotras tres y un maestro de guitarra, en Kids & Music. Hace dos años nos mudamos a nuestro nuevo local y ampliamos el concepto a adultos. Por eso le cambiamos el nombre a Escuela Puertorriqueña para la Música / Kids & Music. Los padres se han entusiasmado y están tomando clases.

–¿Qué reflexión hacen en su quinceañero?

–El tiempo se nos ha ido casi sin sentir, pero eso pasa cuando amas lo que haces –dice Lynnette-. Ha sido mucho trabajo y también muchas satisfacciones.

–Recordar que lo que teníamos era tan pequeñito y ver ahora lo que tenemos nos da mucho orgullo y a la vez nos obliga a seguir trabajando con la misma pasión –dice Rosaly–. Siempre anhelamos tener un lugar como este.

–Vivir este proyecto es muy gratificante –añade Cynthia–. No se trata solo de enseñar música, sino todo lo que eso implica en el hábito, la disciplina, el rigor, el esfuerzo por hacer las cosas bien. También se aprende a apreciar la música y a los que la tocan, Se trata también de sensibilizar.

–¿Qué proyectos tienen?

Ríen…

–Seguir con un proyecto que tuvimos con el Estuario de la bahía de San Juan –dice Lynnette–. Hace un año hicimos un cuarteto y fuimos a las ocho escuelas públicas del Caño. Nos encantaría ampliar eso para los niños que no tienen los recursos para estar aquí. Tenemos una fundación que se llama Mar de Música, para becar a niños. Con frecuencia vienen madres con 3 y 4 niños y solo uno puede pagar. Tenemos maestros que donan sus servicios y nosotros también ayudamos para becar a niños, pero eso es limitado hasta donde nuestra realidad nos lo permite.

–También construir una segunda planta para continuar creciendo –dice Cynthia.

–Y seguir certificando a maestros de Suzuki en Puerto Rico, que tanta falta hace –señala Lynnette–. El 9 de abril de 12 a 5 p.m., en el teatro Francisco Arriví, tenemos un concierto de todos nuestros estudiantes de piano y el 30 de abril, a la 1 p.m., en la Sala Sinfónica se presentan los otros instrumentos que enseñamos en la Escuela. Ambas actividades son gratuitas.

-La actividad del 30 de abril la vamos a hacer como un tributo a la música que nos influenció a nosotras, la que escuchábamos en casa de niñas, como Silvio Rodríguez y los Bee Gees –finaliza Cynthia.

Como los Bee Gees, dice Cynthia, tan de moda a finales de los setenta, cuando ellas comenzaban a ser niñas. Y entonces –por un instante– recordé mi edad.

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