• Eileen Rivera Esquilín

El gusto exquisito de las dos Ileana… de Palacios


ERA MUY PEQUEÑA cuando ya llamaban su atención todos los detalles de diseño que tenía su casa en Cuba. Fue diseñada por el arquitecto Max Borges y le encantaban, por ejemplo, la escalera secreta que iba del garaje hasta la oficina de su papá, y también el ventanal donde se paraba el perro para recibirlos. Ahí fue entendiendo lo que era desarrollar un concepto, lo que era crear espacios especiales.

Así comenzó Ileana Palacios a encaminarse en el mundo del diseño, de la mano con el gusto exquisito que –asegura– tenía su madre y de sus primeros trazos con énfasis en la naturaleza.

–Él nunca lo supo, pero Max se convirtió en mi mentor. Esas memorias siguieron conmigo luego de casarme y empecé a empapelar las casas. Como tenía tres niñas chiquitas, me buscaba una ‘baby sitter’ y me iba con mi escalera y mis cosas para empapelar en las casas de los vecinos, amigos, el lobby de donde vivía… hasta que se corrió la voz y empecé a hacer más trabajos de decoración. La creatividad ya estaba ahí y definitivamente, quería seguir en la industria. De hecho, comencé a estudiar diseño de modas –explica Ileana, quien vivió en Cuba hasta los 13 años.

Como amante de los colores y los textiles, siempre le llamó la atención la firma finlandesa Marimekko (que ahora forma parte de la amplia gama de líneas exclusivas que tiene en su tienda de la avenida De Diego, en Puerto Nuevo), así que comenzó a utilizar el producto de diferentes maneras, en cortinas, colchas, cojines… “era llevar el material a la producción y al cómo decorar con materiales especiales”. Y todo siguió creciendo.

Entonces, abrió la tienda Kilims, donde la niña Ileanita –su primogénita– jugaba con las telas. Allí hacía una parada obligada al salir de la escuela junto a sus hermanas, no sin antes acompañar a su mamá al tapicero, a la costurera, a la fábrica de cortinas... en ese ambiente creció y, claro, también se enamoró.

–Lo que a mí siempre me ha gustado –y era en lo que más ayudaba a mami siempre–, era el momento de las fiestas. Buscaba el queso, las uvas, la bandeja, las flores… y empecé a tener más emoción por todo lo que tuviera que ver con la casa. Igual que cuando te vistes y te pones las pantallas, pues la casa necesita sus velas, su iluminación, su ‘throw’. Me encantan los hoteles, los restaurantes, ver cómo está diseñado todo –cuenta Ileanita.

"Hay que reinventarse, yo no creo en eso de recostarse en que uno pueda tener una clientela fija, no, hay que evolucionar y no puedes cerrarte a un estilo. Para uno mantener un negocio, hay que ver qué está pasando en otros mercados, adquirir conocimientos..."

Ileana Palacios

Cuando las niñas comenzaron la universidad, Ileana decidió “retirarse” porque estaba viajando mucho, pero la realidad es que no hubo tal retiro. Se quedó con una oficina pequeña en donde tenía todas sus muestras y siguió atendiendo clientes.

–Hasta que un día, en 1995, regresando del aeropuerto vimos una casa de dos pisos que estaba en venta en la avenida de Diego y dije “qué buena está para poner una tienda pequeña”. Sería de accesorios diferentes y se iba a llamar ‘The Accent Piece’ –dice Ileana.

–Yo estudié diseño de interiores en Rhode Island y Miami, me acababa de graduar y ya quería trabajar en lo que me gustaba, en una tienda si posible, porque me encantaba trabajar con el público –interviene Ileanita.

–Exacto, entonces decidimos que el nombre sería ‘Palacios’, mi apellido de soltera. La idea era que fueran muebles y accesorios, cosas pequeñas. Pero tenía un segundo piso, así que no podíamos llevar muebles para arriba, y pensamos –como ya lo habíamos vivido con Ileanita que se acababa de casar– en utilizar ese espacio para vajillas, cristalería, todo lo que necesita una novia.

–No teníamos en mente que fuera una mueblería, sino un espacio donde pudieras conseguir todo lo que necesitaba la novia para la casa –apunta Ileanita–. De hecho, nuestro estilo es ‘timeless’, por eso todo es claro en la tienda, porque no sabemos cuál es el estilo de quien va a comprar y preferimos trabajar piezas que le pueden gustar a más personas, piezas a las que le pueden añadir color con accesorios de acuerdo a las tendencias.

-Fue bien difícil establecernos con unas líneas exclusivas esos primeros años, hasta que se dieron cuenta que íbamos creciendo. Ahora mismo, tenemos una relación bien fuerte con esas firmas exclusivas que tenemos –explica Ileana.

Al año y medio, Ileana ya estaba comprando la casa de al lado para que la tienda creciera, y luego la tercera y la cuarta, hasta llegar a donde están hoy día. Pero, a los cinco años Ileanita pensó en retirarse porque era demasiada la carga de trabajo y ya tenía un bebé. Así las cosas, se tomó una pausa y comenzó a trabajar menos horas para dedicarse más a su familia pero ahora que su hijo ya está en la universidad, está de nuevo a la carga, trabajando a tiempo completo.

–Hay que reinventarse, yo no creo en eso de recostarse en que uno pueda tener una clientela fija, no, hay que evolucionar y no puedes cerrarte a un estilo. Para uno mantener un negocio, hay que ver qué está pasando en otros mercados, adquirir conocimientos, viajar a los ‘shows’ importantes de Europa y Estados Unidos –agrega Ileana.

Ahora, es Ileana quien ha bajado un poco la intensidad del trabajo. Aunque sigue viajando mucho por los ‘shows’, ahora combina trabajo con placer y se queda un tiempito más sea en París, Milán, Nueva York o Miami.

–No creo que me vaya a retirar. Pero ya no es como antes, que iba a las ferias y corría de nuevo a la tienda. Mucho tiene que ver el equipo de personas que tenemos, que se conocen todo de la A a la Z. La mayoría de ellos llevan con nosotros 15 ó 20 años, Sofía, Héctor, Alice, Astrid… en fin, somos más de 20 personas. Somos todos una familia, y eso es otro punto, uno tiene una obligación con ellos de que esto siga, para que siga esa familia. Y yo siempre estoy abierta a escucharlos a todos, es importante no creer que uno es omnipotente –destaca Ileana.

–¿Qué admira la madre de la hija y viceversa? –pregunto.

–Ileanita es un fósforo y ella sabe acaparar todo. Va al ‘gym’ por la mañana, de ahí va a la tienda, de ahí a ver un cliente, en la noche tiene una actividad en la casa y la tiene perfecta, su hijo está súper bien… Yo no, soy más floja para eso… –dice la madre con una sonrisa.

–Mami tiene una fuerza de voluntad… y una agenda y unas metas que se cumplen. Ella no le tiene miedo a nada, yo no, yo soy más cautelosa, ella es más atrevida. De hecho, ella tiene varios títulos, es diseñadora industrial (tiene unas líneas de muebles diseñadas por ella), sabe de electricidad, de plomería, trabaja con la madera. ¡Qué no sabe ella! –finaliza Ileanita.

Se miran, sonríen. Sin duda distintas y a la vez parecidas, unidas por la sangre, los afectos y, desde luego, por el gusto exquisito en el diseño.

#Diseño #Palacios #madre #hija

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