• Mario Alegre-Barrios

El Dúo Mojica-Hernández en Union Church


La gira que los maestros Ana María Hernández y Andrés Mojica comenzaron en el Methuen Memorial Hall, en Massachusetts, y continuaron el domingo pasado en la Catedral de San Patricio, en Nueva York, tiene su estación final este domingo -26 de junio- en Union Church de Punta Las Marías, con un concierto gratuito para todo el público a partir de las 4 de la tarde.

El repertorio para órgano y flauta que interpretará el Dúo Mojica-Hernández consta de Salamanca, de Guy Bovet; Trois Mouvements pour flute et orgue, de Jehan Alain; las danzas Violeta, de Rafael Alers; y Recuerdos del pasado, de Monserrate Ferrer; Introspección B-21, de Carlos Lamboy-Caraballo; Variaciones sobre el Canto del Coquí, de Awilda Villarini; Olas y Arenas, de Sylvia Rexach; Eternos amantes, de Carlos Vázquez; y Libertango, de Astor Piazzolla.

“Los dos conciertos de esta gira por Methuen y Saint Patrick fueron una experiencia maravillosa”, dice Ana María. “Yo toqué en los dos lugares, que no era el plan original. Mi participación iba a ser solo en Nueva York, pero ya estando en Methuen, los organizadores me pidieron que tocara. Hay una considerable comunidad puertorriqueña, en especial en la ciudad de Lawrence, y algunos de ellos nos hicieron el honor de acompañarnos. Andrés participó a una entrevista en la radio y tuvo la oportunidad de hacer la invitación”.

En el ensayo

Para Andrés -profesor y organista en la Universidad de Puerto Rico-, tocar en Methuen le dio la oportunidad de regresar a hacerlo nuevamente en ese lugar, luego de haberlo hecho por primera y única vez hace 22 años, sin haber regresado a la ciudad ni siquiera como visitante. “Trabajé en un 'boarding school' como a veinte minutos de Methuen. La organista de esta catedral se tomó una sabática entre los años 1993 y 1994 y yo la sustituí, acabando de terminar mi bachillerato”, recuerda Andrés. “Ese fue mi primer trabajo ‘full time’. Al año siguiente me invitaron a dar un recital, cuando yo ya estaba estudiando la maestría”.

“Volver ahora a Methuen -agrega Andrés- fue como visitar a un viejo amigo. Su órgano es inmenso, muy complejo. La primera vez que toqué ahí estuve ensayando con el instrumento durante una semana, ocho horas diarias. Ahora fue mucho menos, unas 16 horas. No quise repetir ninguna de las obras que toqué hace 22 años, sino que me escucharan con cosas nuevas. La invitación fue como parte de una serie muy prestigiosa que se celebra anualmente. Que me hayan invitado por segunda vez es una gran distinción y un honor muy grande para mí”.

Andrés sonríe al explicar que tardó tanto en volver a Methuen porque sus colegas de allá perdieron sus datos de contacto, y no fue sino hasta hace apenas un par de años que lo encontraron a través de Facebook. “No tenían ni mi correo ni mi teléfono, pero Facebook fue la salvación”, comenta. “En la red encontré a una amiga organista de la escuela en la que había enseñado. Su esposo, también organista, está en la Junta de Directores de Methuen. Hace año y medio me escribió para decirme si me interesaba regresar a tocar allá y de inmediato le respondí que sí”.

Con la fecha del pasado día 15 de junio establecida para el retorno a Methuen, Andrés y Ana María comenzaron a buscar alternativas para San Patricio, en la Gran Manzana. “Ya habíamos tocado ahí, en el 2012, cuando estábamos recién casados”, dice Ana María, flautista en la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico. “Intentamos que fuese el Día de la Parada Puertorriqueña, el 12 de junio, pero nos dijeron que eso era imposible porque para ese facha no tenían programados conciertos, precisamente por la celebración del desfile. Acordamos entonces que fuese el 19 de junio y todo quedó muy bien”.

Andrés señala que en el concierto de este domingo interpretarán buena parte del repertorio que ofrecieron en Methuen y Nueva York. “Queremos compartir con el público de aquí lo que vivimos durante este reciente viaje y establecer una conexión porque Union Church es el fin de la gira, aunque sea en Puerto Rico”.

¿Qué les enamoró primero del otro, la persona o el artista? Ambos se miran y sonríen. “A mí el hombre”, responde Ana María con firmeza. “A mí la chica, sin duda… todavía recuerdo el momento en que la vi por primera vez, en el Conservatorio de Música”, asevera Andrés.

Poco después él le “tendió una trampa”: la invitó a tocar en uno de sus recitales, en la Universidad de Puerto Rico, donde Ana María se formó académicamente y en cuyo teatro ella había tocado muchas veces mientras estudiaba.

Y juntos tocaron aquel día. Y tocando juntos esperan pasar la vida y hacerse ancianos.


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