Pro Arte Musical rinde tributo al talento puertorriqueño en su nueva temporada


BALUARTE DE LA VIDA musical de Puerto Rico durante casi un siglo —el próximo 27 de este mes se inaugura la temporada de su nonagésimo quinto aniversario— Pro Arte Musical se ha transformado sin perder jamás la excelencia artística como faro, realidad que ha ampliado su espectro para atemperarlo al mundo contemporáneo y enfrentar los desafíos inmensos de una economía en la que las artes distan mucho de ser la prioridad.
Miembro de la Junta de Directores de esta institución desde hace quince años —y su presidenta desde hace doce— la empresaria Myrna M. Rivera pone en perspectiva esa transformación en sus fuentes de ingresos, como preludio a la conversación sobre el programa inaugural denominado “Tres mujeres, tres estrellas” que el domingo 27 del mes en curso —a las 5:30 p.m.— reunirá en el escenario de la Sala Sinfónica Pablo Casals del Centro de Bellas Artes Luis A. Ferré a las cuatristas puertorriqueñas Emma Colín Zayas, Maribel Delgado y Fabiola Méndez.
—Durante mucho tiempo, hasta la década de los 80 del siglo pasado, Pro Arte Musical, funcionó gracias a grandes aportaciones gubernamentales, a iniciativas privadas y a personas con una gran vocación musical y cultural. ¿Cómo ha cambiado ese panorama?
—Esa es precisamente una de las funciones fundamentales de la membresía —dice Myrna—. Si miras el presupuesto de una organización como Pro Arte Musical, los socios representan una de nuestras principales fuentes de ingresos. Pero durante muchos años una parte importante del financiamiento provenía también del Estado y de alguna que otra fundación privada local. Eso ha cambiado muchísimo.
Myrna añade que, aunque todavía se cuenta con apoyos importantes — como el que recibe de la Fundación Ángel Ramos para el programa “Música abierta— los fondos públicos prácticamente han desaparecido.
—Durante décadas Puerto Rico descansó en un modelo en el que el Estado se ocupaba de sostener buena parte de la actividad cultural— comenta—. Eso tuvo como consecuencia que no desarrolláramos suficientemente una cultura de filantropía privada ni profesionales especializados en desarrollo institucional, capaces de identificar fundaciones, preparar propuestas, solicitar subvenciones y construir relaciones de largo plazo con donantes. Hoy estamos viviendo las consecuencias. Tenemos generaciones que llegaron a posiciones de toma de decisiones sin necesariamente haber desarrollado una sensibilidad hacia la importancia de la cultura y de la música. Cuando se enfrentan a un presupuesto y hay que recortar, la cultura suele quedar vulnerable. Lo vemos en instituciones como el Instituto de Cultura Puertorriqueña, el Conservatorio de Música y la Orquesta Sinfónica.
Con un equipo de trabajo que incluye a la eterna Karen Schneck como directora ejecutiva , que lleva más de veinte años entregándole su vida y su amor a Pro Arte Musical, Myrna añade hace énfasis en que los costos de producción han aumentado sustancialmente.
—Traer a un artista de Nueva York o Barcelona no significa solamente pagar su contrato. Hay que sumar pasajes, estadía, per diem y muchos otros gastos. Por eso necesitamos, además de la membresía, auspicios corporativos e institucionales —asevera—. Durante estos doce años una de mis principales tareas ha sido precisamente ese outreach hacia mis colegas en el mundo empresarial: sensibilizarlos e invitarlos a participar de una de las gestas más importantes de la historia musical y escénica de Puerto Rico. Y siempre les digo que no tienen que verlo simplemente como un donativo. Es una inversión en relaciones públicas, en visibilidad, en branding. Su empresa, su nombre y su logo están presentes ante un público determinado. Y te sorprendería descubrir cuántas veces no les interesa.
— Seguramente porque no estamos hablando de conciertos multitudinarios de rap o reguetón.
— Exactamente. No somos música comercial. Pro Arte ocupa otro espacio, uno muy importante: propiciar el encuentro vivo del público con el virtuosismo y la excelencia musical. Al mismo tiempo, hemos ido diversificando los géneros. Una de las cosas que he tratado de impulsar es que Pro Arte no se limite a la música clásica o barroca. Queremos incluir música contemporánea, jazz, tango, flamenco y otras expresiones.
— Ese cambio es interesante porque durante muchos años Pro Arte se distinguió por traer a Puerto Rico a grandes estrellas del mundo operístico, sinfónico y de los grandes concertistas internacionales. El paradigma evidentemente ha cambiado, pero ustedes han hecho esa transición sin abandonar la búsqueda de la excelencia.
—Eso no es negociable— asevera Myrna—. Tengo socios de toda la vida que me dicen: “Yo vengo porque confío en lo que ustedes seleccionan y sé que voy a salir impresionada, aunque no conozca el género”. Después del concierto vienen, me abrazan y me dicen: “¡Pero qué maravilloso! Yo no sabía que esto existía”. Recuerdo particularmente cuando presentamos a un conjunto mexicano de percusión. En un momento interpretaron una pieza de Mozart utilizando unas piedritas para producir la melodía. La sala quedó congelada. Todo el mundo pensaba que se trataba de unas piedras especiales y, cuando preguntamos, nos dijeron: “No, las recogimos en la playa”. Ese es el tipo de descubrimiento que queremos provocar.

— ¿Cómo hacen la curaduría para seleccionar a los artistas?
— Tenemos —explica— un comité artístico que actualmente preside Javier Hernández. Participan miembros de la Junta y contamos además con asesores externos, entre ellos Francisco Cabán Vales, violinista de la Orquesta Sinfónica, y el guitarrista clásico Alberto Rodríguez. Es una especie de fogón de ideas entre seis o siete personas que conocen lo que está ocurriendo en diferentes géneros. Nos preguntamos quién está haciendo algo extraordinario en el tango, en el flamenco, en el jazz o en la música contemporánea de cuerdas. Ese proceso nos permite diseñar una temporada diversa, pero con una condición que no se negocia: la excelencia.
— Y dando foro al talento puertorriqueño.
— Absolutamente. De hecho, eso es precisamente lo que define esta nueva temporada— afirma—. Cuando Pablo Casals llegó a Puerto Rico a mediados de la década de 1950 y aceptó establecer aquí el Festival Casals, entendió que hacía falta desarrollar una infraestructura musical. De ahí surgieron el Conservatorio de Música y la Orquesta Sinfónica. Inicialmente hubo que recurrir en gran medida a músicos de fuera de Puerto Rico, porque había que crear esa infraestructura. ¿Y qué ocurrió después? Explotó el talento puertorriqueño. Hoy tenemos instrumentistas, cantantes y bailarines extraordinarios. La mayoría de los músicos de nuestra Sinfónica son puertorriqueños y muchos son egresados del Conservatorio. Algunos continuaron estudios fuera del país, pero todo aquello sembró un recurso humano extraordinario. Por eso quisimos hacer una pausa y preguntarnos: ¿cuál es hoy el legado de don Pablo Casals? ¿Quiénes representan ese legado? La respuesta está frente a nosotros. Tenemos puertorriqueños aquí y en otros lugares del mundo haciendo cosas extraordinarias y muchas veces ni siquiera nos enteramos.
Esta realidad es la piedra angular de la serie de programas de esta temporada que se inicia, como se dijo antes, con “Tres mujeres, tres estrellas del cuatro puertorriqueño”, con Fabiola Méndez, Maribel Delgado y Emma Colón Zayas.
— Yo tengo una pasión particular por el cuatro porque provengo de una familia de músicos folclóricos y luthieres— recuerda Myrna—. Me crié entre guitarras, cuatros, tres cubanos y percusión, aunque también estudié música clásica desde niña. Siempre pensaba que el cuatro tiene una sonoridad que puede dialogar perfectamente con repertorios que uno no asociaría inmediatamente con nuestro instrumento nacional. Hay obras de Vivaldi escritas para mandolina, flauta o cuerdas que pueden adaptarse maravillosamente al cuatro. Hace años desarrollamos precisamente un concierto titulado “El cuatro puertorriqueño, clásico y contemporáneo”, con siete cuatristas interpretando desde música barroca y clásica hasta música puertorriqueña y contemporánea. Esa experiencia confirmó la enorme versatilidad del instrumento. Ahora reunimos a estas tres mujeres extraordinarias. La idea del concierto surgió a partir de una presentación que ellas realizaron vinculada al Centro Cultural Puertorriqueño de Chicago. Emma nos habló del proyecto y yo inmediatamente me enamoré de la idea.
Todos los conciertos de esta temporada serán en la Sala Sinfónica Pablo Casals los domingos a las 5:30 p.m. El segundo programa se titula “Puertorriqueñísima” y estará a cargo de la talentosísima pianista Daniela Santos —el 8 de noviembre— seguida por el Harlem Quartet —que incluye al violista boricua Jaime Amador— el 28 de febrero. El 4 de abril se le rinde tributo al maestro don Pablo Casals con un concierto de cámara a cargo de una de una orquesta integrada por egresados del Conservatorio de Música de Puerto Rico dirigida por Francisco Cabán con un programa que incluirá “El canto de los pájaros”— una pieza emblemática en la vida y trayectoria de Casals.
—Y el 2 de mayo tendremos a Angélica Negrón, otra creadora puertorriqueña extraordinaria”, apunta Myrna—. Angélica estrenó recientemente una obra para violonchelo y orquesta con la Filarmónica de Los Ángeles y Yo-Yo Ma como solista. Cuando la llamamos para participar, estuvo encantada. La idea de toda la temporada es precisamente resaltar a estos artistas como herederos de aquel proyecto cultural y educativo que comenzó hace décadas.
— De alguna manera, Pro Arte está diciendo: antes de mirar hacia afuera, miremos lo que hemos producido.
— Eso es, afirma Myrna—. Y no significa que dejemos de traer artistas internacionales. Ese intercambio ha sido parte de nuestra razón de ser desde nuestra fundación en 1932. Cuando Casals llegó a Puerto Rico, Pro Arte ya tenía décadas presentando grandes artistas. Después, el Festival Casals asumió parte de ese papel con el respaldo económico del Estado. Pero han pasado muchas décadas. En ese tiempo Puerto Rico desarrolló una generación extraordinariamente preparada. Ahora queremos celebrar eso.
Para abonos y boletos, llamar al (787) 722-3366, escribir a proarte@proartemusical.com o entrar a la página www.proartemusical.com
— ¿Cuál es el gran reto para sostener una organización como Pro Arte Musical?
— La estabilidad económica, apunta Myrna—. Hemos creado distintos paquetes para que la gente se haga socia porque los abonados representan nuestra fuente de ingreso más estable. También tenemos categorías de auspicios corporativos, benefactores, patrocinadores y mecenas. El problema con depender exclusivamente de la boletería individual es que es impredecible. Al diversificar la programación también diversificas el público: hay personas que van al flamenco pero no necesariamente al concierto clásico; otras van al jazz y no a otro género. En vez de abonarse a toda la temporada, compran concierto por concierto. Por eso promovemos los paquetes de temporada. Además de apoyar directamente a Pro Arte, resultan más económicos para el público.
También queremos desarrollar fondos patrimoniales que permitan crear autonomía económica. Esa ha sido buena parte de mi carrera profesional durante cuarenta años: diseñar y manejar este tipo de fondos para entidades sin fines de lucro. He querido llevar esa experiencia a Pro Arte porque necesitamos desarrollar en Puerto Rico una verdadera cultura de filantropía.
Como colofón a la charla, Myrna asevera que su mayor anhelo, después de tantos años presidiendo esta Junta, “es dejar a Pro Arte Musical en pie, con bases económicas que le permitan perpetuarse y autosostenerse”.
— Porque, a pesar de todos los retos, vamos hacia esta temporada con mucha fe y mucha esperanza, dice con una amplia sonrisa—. Pro Arte representa una historia que merece prevalecer. Y esta temporada, particularmente, es una celebración de algo que Puerto Rico debería reconocer como una buena noticia nacional: el extraordinario talento musical que hemos sido capaces de formar.

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