• Mario Alegre-Barrios

Ignacio Cortés, Haití y el arte como provocación


HACE UN PAR DE MESES –durante las Fiestas de la Calle San Sebastián– Ignacio Cortés salió a caminar por el Viejo San Juan acompañado por su esposa Elaine Shehab. Era sábado por la tarde y lo que comenzó sin otro propósito que dar un paseo desde el hogar del Choco Bar y la Fundación Casa Cortés, terminó a las puertas de la Casa de los Contrafuertes, en la Plaza San José, donde Haití –ese Haití tan entrañable para Ignacio– los esperaba con el detonante de un proyecto que tiene como protagonista el arte de este país.

Al final de esa tarde había nacido la alianza entre la Fundación Casa Cortés y la Casa de los Contrafuertes para inaugurar sendas exposiciones el 12 y el 19 de abril: “Haití aquí, a cuatro tiempos” –en Casa Cortés– y “Haití aquí, Honneur et Respect” –en Contrafuertes– respectivamente, aperturas ambas a las 7 de la noche que establecen un pasaje metafórico entre la sede de la primera, en el número 210 de la calle San Francisco, y el hogar de la segunda, en el número 101 de la calle San Sebastián, en la Plaza San José.

–Esta idea surge por una coincidencia –explica Ignacio–. Mientras mi esposa y yo caminábamos por San Juan el sábado de las Fiestas de la Calle San Sebastián, vimos que la Casa de los Contrafuertes estaba abierta. Nos llamó la atención, entramos y me encontré con Charles Juhasz, quien me explicó que estaba en el proceso de construir una muestra sobre Haití basada en fotografías del terremoto de hace ocho años.

“Haití aquí, a cuatro tiempos” consta de pinturas de diversos artistas haitianos de la colección Chocolate Cortés, fotografías de Luis Alcalá del Olmo, una instalación de Humberto Figueroa y un vídeo de Leah Gordon, mientras que el despliegue en la Casa de los Contrafuertes –articulado por Charles Juahsz-Alvarado y Ana Rosa Rivera– incluye fotografías de José Jiménez y siete otros fotógrafos, así como pinturas, trabajos de arquitectura, diseño urbano, vídeo y objetos cotidianos.

–Charles y yo comenzamos a conversar, le comenté que en nuestra colección el arte haitiano tiene un sitial muy especial y que quizás había una oportunidad para hacer algo juntos, sobre todo en este momento que tanto se necesita en Puerto Rico de alianzas y aunar esfuerzos –ilustra Ignacio–. Además de la importancia que ambas entidades le damos al tema haitiano, el ejemplo de Haití nos es muy pertinente debido a todo lo que hemos pasado en los últimos meses como secuela del huracán María. Nos entusiasma mucho la posibilidad de una alianza como ésta, aquí, en el Viejo San Juan, para ver cómo se puede seguir levantando la actividad cultural en la ciudad”.

Cuando Ignacio comenzó a pensar qué se podía hacer, “que fuese único, diferente, con su propia personalidad” en lo primero que pensó “fue en establecer un diálogo entre las obras de la colección y otro interlocutor”.

–No dudé un segundo en pensar en las fotos de Luis Alcalá del Olmo –explica–. Conozco su trabajo sobre Haití y las practicas del vudú, un trabajo que considero sumamente fascinante. Ese fue el punto de partida. Hablé con Luis, quien inmediatamente me dijo que sí. También sabía que el amigo Humberto Figueroa había exhibido en lo que se llama la “Bienal del Ghetto”, en Puerto Príncipe. Él me había enseñado la instalación que mostró ahí, lo contacté y se incorporó al proyecto. A su vez, Humberto me habló a Leah Gordon, una cineasta inglesa que ha sido el motor detrás de esta bienal y me sugirió que la incorporáramos con su trabajo fílmico sobre lo que está sucediendo artísticamente en el Haití actual… de ahí sale el título, de los cuatro elementos que integran la exposición.

Ignacio explica que su inclinación por el arte caribeño –una parte fundamental de la Colección Chocolate Cortés– tiene su génesis en gran medida por la relación de su familia con la República Dominicana desde hace alrededor de noventa años.

–Durante todas estas décadas mi abuelo, mi padre, yo y mis hijos hemos estado involucrados profundamente con esa isla vecina por asuntos de negocios y también con Haití –señala–. Desde los años setenta entré en contacto con el arte dominicano y con el arte haitiano… y también con el arte de otras islas del Caribe, cuando en Puerto Rico no había tanto acceso a ese tipo de manifestaciones artísticas. En el proceso sentí el impacto que tuvo en mí reconocer la fuerza, la espontaneidad y la relevancia de ese arte al expresar las realidades de estos países y lo que es nuestra realidad caribeña.

Al hablar de la naturaleza de su colección, Ignacio asevera que “para que una colección merezca ese nombre y pueda ser un testamento, un legado, que sea vigente en el presente y en el futuro, debe tener un foco”.

Wilson Bigaud / Haití / "Conflicts and Tensions" / 1957

–Mientras las colecciones más enfocadas están, más relevancia tienen a través del tiempo –afirma–. En mi caso, en un momento dado decidí que quería enfocar, no limitar, mi interés y esfuerzo como amante del arte hacia lo que es la cuenca del Caribe y Latinoamérica, principalmente. Ese es uno de los atributos que, considero, da relevancia a esta colección, tanto para Puerto Rico como para el Caribe, con miras al futuro, como un legado.

Al hablar específicamente del arte haitiano, del arte que se gesta en un país excepcional por muchas razones –por sus carencias, por su pobreza económica, por su historia, por su relación tan estrecha y devastadora con las tragedias provocadas por las fuerzas de la naturaleza– Ignacio –curador de “Haití aquí, a cuatro tiempos”– señala que “la historia de Haití, como en el Caribe y América Latina, a veces alcanza proporciones de mitos y leyendas que trascienden la imaginación”.

–“La haitiana es una cultura tan rica, tan llena de fuerza y voluntad –reflexiona–. Haití fue la primera colonia en independizarse en el Caribe y América del Sur, como resultado de una revolución de esclavos… expulsó a las fuerzas de Napoleón cuando era la colonia más rica e importante en todo el Caribe y quizá de las Américas. Esa historia, esa resistencia, esa voluntad han trascendido el tiempo… luego de eso han ocurrido cosas tan trágicas que han agobiado al país hasta el día de hoy. Es el país más pobre de América y uno de los más pobres del mundo… con problemas tan graves y a los que, al menos por el momento, no se les ve solución.

Philomé Obin / Haití / "Deux déguisés du Carnaval" / 1947

Sin embargo –añade Ignacio– la fibra artística que viene a través de esa historia, mezclada con la herencia africana, se ha mantenido con una espontaneidad y un sentido tan genuino “que le da una razón de ser que no tiene que justificarse ante nada ni ante nadie”.

–El movimiento naif haitiano, por ejemplo, que se da a finales de los años cuarenta y continúa hasta principios de la década del 60, ha sido uno de los movimientos más significativos y poderosos en el ámbito del arte internacional, con infinidad de artistas autodidactas que, sin materiales, pintaban con lo que encontraban –afirma–. Es un gran regalo a la humanidad lo que ha dado el arte haitiano, que ha resurgido y está en un momento sumamente fuerte, en efervescencia, listo para hacer una nueva entrada a nivel internacional.

Siempre en pos del diálogo y de la provocación como estimulantes para la educación –misión fundamental de la Fundación Casa Cortés– Ignacio dice que él se considera “más un amante del arte que un coleccionista”.

–Las obras de las que yo me he rodeado y que integran la colección Chocolate Cortés son arte que nos provoca a mí y a mi esposa –señala–. Así que la palabra “provocación”, en el buen sentido, siempre ha estado presente en el arte de la colección. Creo que la manera principal de uno provocar el pensamiento crítico, el análisis, el crecimiento intelectual y el entretenimiento es a través del diálogo. Esa es parte de nuestra misión: educar e inspirar a través de nuestra pasión por las artes de Caribe, así que en todas nuestras exhibiciones ese componente educativo va de la mano del diálogo y la provocación.

Fotos y vídeo: Eileen Rivera-Esquilin

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