top of page

CulturArte culmina con esplendor la temporada de su cuadragésimo aniversario

  • Foto del escritor: Mario Alegre-Barrios
    Mario Alegre-Barrios
  • 21 abr
  • 4 Min. de lectura

EN UNA NOCHE enmarcada por profundas resonancias emotivas, CulturArte de Puerto Rico y Guillermo L. Martínez —su fundador y director artístico— pusieron fin el pasado sábado a la temporada 2025-2026 de esta longeva institución que a lo largo de cuatro décadas ha sido artífice para las presentaciones en nuestro país de las estrellas operísticas más refulgentes del orbe, así como de grandes personalidades del quehacer artístico internacional.


Esta velada tan significativa presentó la ópera “Romeo y Julieta”, de Charles Gounod, en versión semiescenificada, con una selección cuidadosamente articulada de sus cinco actos en la Sala Sinfónica Pablo Casals, con un elenco encabezado por el tenor francés Benjamin Bernheim y la soprano francoestadounidense Sandra Hamaoui —en el regreso de ambos a la isla— acompañados por la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, con el maestro Maximiano Valdés en el podio y un destacado elenco de cantantes boricuas integrado por Ricardo J. Rivera, Hilda Ramos, Brayan Molina, Ricardo Sepúlveda, Néstor Cerda y Christian García, con al Coro CulturArte, preparado por Jo-Anne Herrero y la dirección escénica de Gilberto Valenzuela.


Con el Prólogo del Acto I, “Verona vit jadis deux familles rivales”, la OSPR y el Coro CulturArte establecieron con claridad el marco trágico de la obra. La agrupación mostró cohesión y equilibrio, proyectando con eficacia la narrativa coral que introduce el conflicto entre Capuletos y Montescos. La dirección del maestro  Valdés delineó desde este inicio un pulso elegante y una sonoridad refinada, cuidando el balance entre las voces y la orquesta.


El célebre vals de Julieta, “Je veux vivre”, marcó la primera gran intervención solista de la noche. Sandra Hamaoui ofreció una lectura fresca y luminosa, con una coloratura ágil y segura que transmitió la vitalidad juvenil del personaje. Su fraseo elegante y su desenvoltura escénica lograron capturar el espíritu despreocupado de “Julieta”, antes de la irrupción del destino trágico.



El Acto II elevó el nivel emocional con la entrada de Benjamin Bernheim en “Ah, lève-toi, soleil”, una de las arias más exigentes del repertorio francés para tenores. Bernheim demostró un control excepcional de su extraordinaria voz y una proyección homogénea, construyendo un “Romeo” de lirismo contenido y profunda sensibilidad. El dúo “Ô nuit divine, je t’implore” —con Hamoui en el segundo piso de la sala, a manera de balcón y Bernheim desde el escenario— reveló la química entre los protagonistas, quienes lograron un equilibrio ideal entre intimidad y expansión sonora, sostenidos por una orquesta que respiró con ellos.


El Acto III presentó el trío “Dieu, qui fis l’homme à ton image” y el conjunto que involucra a Capuletos, Montescos, Romeo, Mercutio y Tybalt. Aquí, el elenco puertorriqueño —Ricardo J. Rivera (con una voz portentosa, que demuestra las razones de su reciente llegada al Metropolitan Opera), Hilda Ramos, Brayan Molina, Ricardo Sepúlveda, Néstor Cerda y Christian García— aportó solidez y claridad dramática. Las voces se integraron con eficacia, destacándose por una proyección bien enfocada y un compromiso escénico que sostuvo la tensión del conflicto. El Coro volvió a desempeñar un rol esencial para la magnificencia de la partitura.


El Acto IV presentó uno de los momentos más íntimos con el dúo “Va! Je t’ai pardonné… Nuit d’hyménée”. Aquí, Bernheim y Hamaoui mostraron una evolución emocional en sus personajes, con un fraseo más contenido y una interacción cargada de presagio, para dar paso nuevamente a Ricardo José Rivera como un estupendo “Fray Lorenzo” y cómplice de “Julieta” para fingir su muerte. La dirección del maestro Valdés subrayó los matices orquestales con delicadeza, permitiendo que la música fluyera con una naturalidad profundamente expresiva.


Finalmente, el Acto V culminó con el dúo “C’est là! Salut! Tombeau!”, donde la tragedia alcanza su clímax. Ambos intérpretes ofrecieron una interpretación de gran intensidad dramática, manteniendo el control vocal incluso en los momentos de mayor carga emocional. La escena, despojada de artificios, se sostuvo en la fuerza del canto y en la verdad interpretativa, logrando un cierre conmovedor, que arrancó una gran ovación del público para demostrar así su aprecio a Bernheim, Hamaoui y el resto del elenco.


La Orquesta Sinfónica de Puerto Rico y el maestro Valdés, fueron un pilar constante de la velada. Su ejecución se distinguió por la riqueza tímbrica y la sensibilidad estilística. El director chileno logró un balance preciso entre escenas y orquesta, articulando el discurso musical con claridad y coherencia.


La propuesta escénica de Gilberto Valenzuela, de carácter minimalista, resultó eficaz al centrar la atención en la música y en la interacción entre los intérpretes. Este enfoque permitió que la obra se desarrollara de manera amena, sin menoscabo de su intensidad dramática.


Esta versión de “Romeo y Julieta” logró condensar la esencia de la obra en una selección coherente y poderosa, donde cada interpretación contribuyó a un arco dramático convincente que reafirmó la vocación de CulturArte de Puerto Rico y Guillermo L. Martínez para emocionar a través de producciones cifradas en la belleza inefable de la voz humana, la música e historias imperecederas.



(Este artículo fue publicado orginalmente en la edición digital de El Nuevo Dia el 21 de abril de 2026)


Fotos: Benny Bautista


Comentarios


© 2016 Esto es el agua... / Creado por www.marka2pr.com

Donar con PayPal

 ¿Te gusta lo que lees? Dona ahora y ayúdame a seguir elaborando noticias y análisis. 

bottom of page