• Mario Alegre-Barrios

'Ángeles en América', un pasado que sigue siendo presente


CUANDO PARECERÍA que el espectro apocalíptico del sida es ya cosa de una historia, si no muy remota, al menos sí del siglo pasado, y que los adelantos científicos han convertido lo que era una sentencia de muerte casi irrevocable en una vida extendida con los cuidados inherentes, revisitar la crónica de este flagelo desde el espacio teatral entraña desafíos que trascienden la literalidad de un texto.

Cuando en 1993 “Ángeles en América” obtuvo el premio Pulitzer de Drama y el premio Tony, la estela de muerte trazada por el sida estaba demasiado fresca, demasiado cercana, como para hacer de la obra de Tony Kushner una lectura que no se circunscribiese a la enfermedad misma y su realidad en esos años, sin la certeza de lo que el tiempo y la ciencia lograrían para mitigar sus efectos entonces devastadores.

Con el estreno una década después de la versión fílmica seriada en HBO -protagonizada por Al Pacino, Meryl Steep y Emma Thompson- el acercamiento a "Ángeles en América" comenzó a ser definido por esa distancia cronológica y por la esperanza derivada por los adelantos médicos para el tratamiento de la enfermedad, así como por una reflexión un tanto más objetiva de la situación de la comunidad LGBTTQ (Lesbiana, Gay, Transexual, Transgénero y Queer), sin duda la más minada en el proceso.

A tres décadas del inicio de lo que fuese la epidemia mortal del sida, Teatro Público trae nuevamente a la discusión el tema de este mal y su ecosistema con la puesta en escena de la primera parte de la obra de Kushner con el desafío, no solo de la reflexión social e histórica, sino también de la pertinencia y de la contextualización en el mundo del cuarto lustro del siglo 21.

“Ángeles en América” se presentará durante dos fines de semana consecutivos a partir de mañana, con funciones viernes y sábado a las 8:00 p.m. y domingos a las 5 p.m., en el escenario del Teatro Victoria Espinosa, en Santurce. Bajo la dirección de Benjamín Cardona, el elenco está integrado por Carlos Miranda, Jacqueline Duprey, Liván Albelo, Leonardo Castro, Luis Ra Rivera, Gabriela Saker, Kairiana Núñez, Cristhian Fraguada y Julio Ramos. Manuel Ramírez es el responsable de la iluminación, Ken Chinea y Jorge Blanco de la escenografía, Danny Rodríguez del vestuario y Sonia Portalatín del maquillaje y peinado, con Nicolás Linares en el sonido. Los boletos están disponibles en PRTicket.com y en el (787) 303-0334.

Para su director, la vigencia de esta pieza está anclada a que su trama no trata solo sobre el impacto del sida en la sociedad del Nueva York de los 80, sino que tiene una esencia atemporal, con la comunidad LGBTTQ y el sida “como símbolos de una minoría dentro de una nación imperialista que aplasta a quienes no cumplan con el ideal de lo que es el sueño americano”.

–Esto es algo que lo podemos ver reflejado en nuestros días y que se ha exacerbado con el gobierno de Donald Trump –dice Benjamín–. Si nos apartamos de los contornos geográficos de la pieza, sin duda eso existe en nuestro contexto caribeño, donde el discrimen sigue siendo parte de una sociedad que no sabe convivir con las minorías. Esa es la vigencia de esta obra, que la reflexión nos coloca dentro de unas situaciones que, salvo la drástica reducción de la mortalidad, siguen siendo muy similares a las de los 80 y 90.

Benjamín comenta que la inquietud por montar esta obra se remonta a sus años de estudiante en la Universidad de Puerto Rico, pero que en ese entonces –a finales de la década pasada– comprendió que aun no estaba preparado para enfrentar ese reto.

–Aunque es un texto que siempre me ha cautivado, en el momento en el que pensé trabajarlo tuve que reconocer que tenía unas limitaciones artísticas que me impedían hacerlo como debía –dice–. Es un texto muy arriesgado y en aquel momento solo hice una escena, para mi clase de dirección escénica. Quería hacerle justicia a la pieza, y con mucha modestia, considero que ahora sí estoy preparado para ello.

Con un elenco en el que su director reconoce una estupenda mezcla de talentos veteranos y conocidos con vocaciones emergentes, Benjamín comenta que los desafíos mayores de esta puesta en escena comienzan desde la complejidad del texto y continúa con la naturaleza del escenario con dos frentes del Victoria Espinosa.

–Además de las dificultades propias del texto y la manera de abordarlas, le sumamos la complejidad técnica de tener púbico en lados opuestos –explica Benjamín–. Además, tenemos un elenco numeroso y un equipo de producción numeroso. Debo reconocer que ha habido un espíritu colaborativo maravilloso de parte de todos los involucrados, en un proceso en el que las propuestas de todos son consideradas, y evaluadas, y -si proceden- implementadas y reconocidas. La labor de un director no eso solo dar direcciones e instrucciones, sino también realizar una labor de curaduría de proyecto, que toma lo mejor de todo y de todos y lo pone a trabajar en comunión para beneficio del proyecto en su totalidad. Esto lo he corroborado con este proyecto.

–¿Qué reflexión haces del país y nuestra realidad desde tu oficio teatral?

–No puedo responder a eso mejor que con una anécdota –dice Benjamín–. En mis años universitarios tenía una compañera que era actriz. Era muy buena y nos encantaba ver su trabajo, pero su oficio no estaba alineado con su noción de lo que eso implicaba. Un día me dijo que ya no quería ser actriz porque no sentía que aportase algo a la sociedad. Le respondí que, si eso era así, que sí, que lo mejor era que se dedicase a otra cosa, porque definitivamente no entendía lo que era hacer teatro. No se trata de un espectáculo, le dije, tú haces que la audiencia reflexione, que un momento histórico no se olvide… un actor habla de la experiencia humana. Y esto precisamente es lo que pienso de lo que es hacer teatro en el Puerto Rico de hoy.

Por su parte, Liván Albelo –quien da vida a “Prior Walter”– dice que hablar de esta pieza lo ha puesto “en tres y dos”.

–Siento que este es uno de los personajes más profundos que he hecho y que me ha puesto a buscar en lugares desconocidos de mí para poder, si no atraparlo, al menos vislumbrarlo –explica–. Cuando trato de apalabrarlo, compadre, se me escapa. Cuando estoy en escena sé lo que estoy sintiendo y por dónde van las emociones. Es un personaje inasible y así me pasa con la obra. A veces pienso si la pieza me queda grande, porque es descomunal, inmensa. Y de esto he hablado con Gaby Saker.

Liván dice que, aunque ya ha interpretado a personajes homosexuales, ninguno como “Prior”.

–El “Nestito” de “El Jardín”, por mencionar uno de ellos, es un personaje cándido, transparente, inocente, mientras que “Prior”, por el contrario, es mucho mas vivido, oscuro, experimentado con una vida que no está muy clara –explica el actor cubano que ha hecho de Puerto Rico su hogar–. Por ejemplo ¿ama o no a su pareja? eso, a mi mismo que lo interpreto, aun no me queda claro. Se desvive por él, sin embargo, pienso que no lo ama. Y eso me lleva a otros contornos, a otros espacios más complejos. “Prior” no permite quedarse en la superficie de los sentimientos, obliga a ir a más profundidad.

Gaby Saker –gestora y partícipe de este proyecto– dice que antes de elegir la pieza que iban a montar, había un interés de llevar a escena un teatro distinto al que abunda en nuestros días.

–No sé… yo tenía deseo de llevar a escena el teatro que a mí me gusta ver como espectadora, y así se lo comenté a Benjamín –dice–. Me mueve el deseo de hacer teatro que me acuda, que me conmueva, que me provoque, un teatro que no me deje salir de la sala sin pensar en la pieza, sin cavilarla. Un teatro que me haga salir transformada de la función. Esta reflexión fue lo que nos llevó a elegir esta pieza. Cuando Benjamín me presentó el texto y lo leí, sentí que cumplía con eso y que la obra tenía esa cualidad del buen teatro, de transportarnos y hacernos vivir épocas y situaciones que quizá no vivimos, como es mi caso, porque yo nací en 1992 y, niña al fin, no tuve conciencia en esos años de lo que estaba pasando.

Gaby interpreta a “Harper Pitt”, una mujer que está a años luz de distancia de lo que la propia Gaby es, abismo que ella ha tenido que salvar con un minucioso proceso de estudio e investigación.

–“Harper Pitt” es una ama de casa que es esposa de “Joe Pitt”, un homosexual “de closet” –explica–. Ella se está enfrentado a eso y ha caído en la adicción al Valium como escape. Es un personaje lleno de paradojas. Ella quiere saber la verdad, pero a la vez le aterra conocerla; quiere escapar de su realidad pero al mismo tiempo teme dar ese paso. “Harper” vive del miedo y, la vez, del deseo de transformar lo que vive. Eso choca constantemente en su interior y su escape es a través de esas pastillas. Como si esto fuera poco, ella tampoco esta conforme con la manera como es el mundo. Tampoco se ha adaptado a lo que exige vivir en sociedad, a las normas, a las reglas. Es un caos.

Kairiana Núñez tiene a su cargo varios personajes: “El ángel”, “Emily”, la enfermera; una vagabunda y “Ella”, una mormona.

–Me acerco a este compromiso, primero, desde la empatía –señala–. Una empatía desde mi presente, con mi circuito afectivo, familiares, amigos y todas las personas cercanas que han sufrido directa e indirectamente a causa del sida. También me acerco desde la indignación ante la injusticia y el atropello a los derechos humanos, algo que sigue ocurriendo. Es una lucha avanzada pero aún sin resolver, porque se siguen violentando vidas y dignidades por los prejuicios. Los antagonistas siguen apareciendo y no permiten que vivamos de una manera más armoniosa y con respeto por las diferencias.

Asimismo, Kairiana señala que sintió seducida por la hondura de la obra y por los retos histriónicos que plantea.

–Temáticamente hay cosas que aún no logro aprehender, atrapar –apunta–. La obra parecería que trata sobre un asunto en particular, pero la verdad es que hay infinidad de temas que la atraviesan y es muy difícil abarcarlos todos. Es una obra muy de Estados Unidos con temas de judíos y mormones, algo poco familiar para nosotros y eso también la hace más elusiva y distante, con todos los retos que esto implica para la conexión con su literalidad. Me siento muy ilusionada y entusiasmada con esta aventura, más aun con la responsabilidad de dar vida a cuatro personajes, concebidos así, para ser interpretados por una sola actriz, porque todos ellos están conectados mutuamente y con el personaje principal.

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