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  • Mario Alegre-Barrios

Teresa Hernández regresa con 'Privada' esta semana


VIVE CONVENCIDA de que el arte que no nace de un espacio de amor y amistad no vale la pena. Vive convencida de que el arte es también un intento de comunicar, de tocar, de hacer contacto. Vive convencida de que son más los espacios de creación en los que no cabe que en los que tiene cabida. Vive convencida de que su mejor público –el más amoroso y el más crítico– es el de sus amigos. Vive convencida de que la artista que es la ha ayudado a entenderse mejor como persona y a ser más plena.

Teresa Hernández corroboró estas certezas hace poco más de un mes, durante los ensayos y la puesta en escena de “Privada”, proyecto artístico multidisciplinario que regresa esta semana funciones el jueves, viernes y sábado a las 8 p.m. en La Beckett, en la avenida Ponce de León, en el casco riopedrense.

En este trabajo de Taller de Otra Cosa, de la mano con Teatro Libre, colaboran con Teresa –como asistente de dirección y responsable de las proyecciones y su edición– Arnaldo Rodríguez Bagué y en el diseño de luces, Juan Fernando Morales. El cupo es limitado de 53 personas por función. El precio del boleto es de $12 para el público general, con un descuento del 50% para estudiantes. Incluye IVU. Para información y venta de boletos: (787) 525-7085.

Después de las cinco funciones de junio pasado, Teresa volvió a pensar en la manera como construye sus piezas y se dio cuenta de que sigue habiendo quienes esperan de ella obras de ruptura total y también personas que esperan cosas un tanto más tradicionales.

–Mi público se nutre en buena medida de colegas y amigos que saben por dónde voy, pero me doy cuenta de que lo que hago sigue siendo un poco incómodo –dice mientras conversábamos este sábado en el estudio de su residencia–. Construyo desde la fragmentación, pero siempre con una conciencia clara de cuáles son los hilos conductores, sin caer en lo literal o en lo demasiado evidente. A veces esos hilos son muy sutiles y si no eres un espectador agudo, te pierdes y las cosas empiezan a dejar de tener sentido.

Asimismo, la directora de Taller de Otra Cosa dice que “Privada” ha acentuado en ella esa vieja sensación de desarraigo, de no pertenecer a espacios definidos.

–Sigo sintiendo que no quepo en el mercado del arte porque no soy suficientemente experimental o de ruptura para los “hardcore”, porque no soy del teatro tradicional y porque no soy de la danza contemporánea, y porque en el performance no entraña tanto riesgo –dice–. Por otro lado, también ha habido una buena aceptación del trabajo, algo que solo sé porque he hablado un poco con la gente, porque ya nadie escribe de esto. Por la reacción del público, puedo decir que mi propuesta interesó. Es muy común que el espectador o espectadora tengan su selección dentro de una de mis propuestas, algún personaje favorito o algún vídeo… Cuando comencé hace muchos años eso me molestaba. Ya no. Antes yo me estresaba mucho si la gente no recibía como un todo lo que yo le daba, pero con el tiempo entendí que lo que mi noción de ese todo suele ser distinta a la de la mayoría de las personas.

Teresa apunta que buena parte de su público se nutre de estudiantes universitarios, quienes acuden a ver sus piezas, bien por una inquietud propia o recomendación de amistades, o porque algún profesor lo asigna como parte de currículo.

–Este es un público de alguna forma itinerante, cambiante, muchachos que se gradúan y entonces cambian de intereses y dejan de vivir este tipo de arte. Quizá se van al cine, más cómodo, con pop-corn –dice–. Y esto no es solo aquí, sino también en ciudades más grandes y con una tradición cultural más extensa. Aquí esto ese agudiza por nuestras dimensiones territoriales.

–Cuando haces una lectura del proceso y de la puesta en escena de “Privada” hace un mes, ¿qué conclusiones sacas? ¿qué te dejó la experiencia?

–La verdad es que me di muchas palmaditas en la espalda, porque sabiendo que estaba entrando en el espacio personal, era muy importante para mí no caer en el ensimismamiento y mantener la distancia –dice–. Me parece que se logró... la mayoría de los que me fueron a ver, no me conocen y no pueden saber de dónde salió todo eso, pero sentí que fueron cautivados por la experiencia. Hubo comunicación y eso es para mí muy importante. No dejo de ver el arte como un intento de comunicar, de tocar, de hacer contacto. Nuestra ciudad es hostil y poco cómoda para el arte, en especial para el que yo hago, que incomoda, que inquieta, que pregunta, que empuja a la reflexión, mientras lo que la gente está pensando es a dónde huir, a donde irse al menos por el fin de semana.

Al hablar de la reposición de “Privada” esta semana, Teresa dice que la hace estimulada por la posibilidad de que el público la vea, en especial algunos amigos.

–No me pesa decir que me encanta hacer lo que hago por mis amigos, por la gente que me quiere y que quiero –reflexiona–. Podría verse esto como un elitismo o que no me interesa llegar a los demás… y sí, sí me interesa, lo procuro, pero con lo que me quedó, lo que me voy a llevar a la tumba, es la vivencia de mis amigos, porque la del público en general jamás la conoceré. Con lo único que me quedo es con la reflexión y el debate de mis amigos… solo a través de ellos es que tengo una noción externa de lo que es mi trabajo, más allá de mi propia percepción. Solo a través de ellos y nunca desde la alabanza o la lisonja, porque todos ellos son muy críticos. Si no son críticos no pueden ser mis amigos.

Teresa menciona que está leyendo la serie “La era sombría del capitalismo”, del profesor y filósofo Francisco José Ramos que se ha publicado en tres partes en la revista digital 80 Grados.

–La tercera parte salió cuando estrene “Privada” y lo estoy leyendo ahora –comenta–. Él dice que si la filosofía no parte del espacio del amor y la amistad, no vale la pena mucho hacerse preguntas. Yo cambio la palabra “filosofía” por “arte”. Si éste no parte desde ese especio amoroso, no vale la pena… la amistad es una de las cosas más maravillosas y sublimes… Mis amigos son mi apoyo y la medida. Sin ellos yo no hubiese seguido haciendo lo que por tantos años he hecho. Muchos de mis trabajos tienen la metáfora de trepar, de subir, de ascender… y ahí hay toda una poética. Es una acción, pero tiene también todo un contenido.

Para estas funciones –añade Teresa– “habrá algunos pequeños ajustes”.

–Mi trabajo es de contexto –dice–. Cuando estrené “Privada” a mediados de junio recién estaba terminando la huelga de la yupi, estaba la polémica del plebiscito y no se sabían con certeza la cantidad de todo lo que se iba a recortar. Esas incertidumbres se han convertido en certezas. Hay cansancio, hay letargo… todo mundo en espera de que algo pase. En la pieza hay una improvisación que tiene como contexto nuestra realidad, nuestra actualidad, y eso obviamente ahora tendrá otra manifestación. No se trata de una ficción pura que se repite una y otra vez, sino una ficción vinculada al momento actual.

Teresa se mece en la misma silla que usa en “Privada”. Se recoge el cabello rizo y lo vuelve a soltar. El calor es intenso. A través de las ventanas abiertas del estudio las hojas de los árboles nos miran totalmente inmóviles.

–La artista que soy me ha ayudado a entenderme mejor como mujer y a ser mejor persona –asevera–. Las destrezas que he aprendido como artista e intérprete son las mismas que uso para mi vida. Mi personaje de la cubana dice que ella lee de actuación como una aficionada, que la actuación le interesa como una destreza para la vida. Eso es también parte de mí.

Fotos por Antonio Ramírez Aponte

#Teresa #Privada

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