• Mario Alegre-Barrios

"¿Cortadito o capuchino" se despide en el espacio mágico de Abracadabra


MARÍA Y JOSÉ se aman profundamente pero no encuentran la manera de estar juntos. Ella vive en un hogar con una saludable posición económica y una madre dominante; él proviene de una familia humilde y trabajadora. Son clientes habituales del café donde siempre parece esperarlos la mesa número diez, nunca ocupada cuando ellos llegan y en la que suelen imaginar la vida que juntos anhelan vivir.

La última función de esta temporada de ¿Cortadito o capuchino? se presenta este miércoles –a las 8 p.m.– en Abracadabra Counter Café, en Santurce. Esta obra es dirigida por la maestra Rosa Luisa Márquez, con un elenco integrado por Israel Lugo, Jessica Rodríguez, Yan Christian Collazo y Lorena López. La música es de Rafael David Martínez-Ortiz.

El proyecto de esta obra –original del maestro argentino Osvaldo Dragún– nació casi con Abracadabra, hace cinco años, espacio concebido por Israel Lugo como un lugar para comer, pero con un escenario para dar cauce a su vocación teatral.

–Israel fue mi estudiante, todos ellos han sido mis estudiantes, excepto Lorena –dice Rosa Luisa–. Era un domingo cuando entré a Abracadabra a saludar,.Una de las características de este lugar es que vienen muchos padres y madres solteros, con sus hijos. Y los niños juegan… especialmente los domingos. Eso fue lo que vi ese día. En escena había un hombre tocando el acordeón… música francesa. Para mí fue como entrar a un espacio de ficción, esto era otro país en pleno Santurce. Le dije a Israel que quería hacer algo aquí y me llevé el pensamiento. A la semana me acordé de este texto de Osvaldo Dragún, Los de la mesa 10, ubicado en un café, con los dueños del café como narradores y que trata de esta pareja que se conoce, se trata, se separa y se vuelve a encontrar. Ya la había hecho en los años 60 en la Universidad de Puerto Rico.

Rosa Luisa regresó a ver a Israel, le presentó el proyecto y le dijo que lo harían con los que estaban trabajando como mozos en Abracadabra.

–Yo adapté el texto, lo modernicé y lo adecué a las circunstancias actuales del país –explica–. Es una historia que se alinea con lo que yo vi aquí aquel domingo y tiene varios intangibles, como la presencia en mi vida como amigo de Dragún, quien se atrevió a hacer textos suyos en Puerto Rico cambiándolos a nuestra realidad, con el credo de que lo que más le importaba no eran los contenidos, sino la manera cómo se montaban, los procesos y las formas.

Israel estuvo de acuerdo y Rosa Luisa llamó entonces a Rafael Martínez, porque el acordeonista que había visto aquella mañana dominical rechazó trabajar en el proyecto “porque se tomaba muy en serio su trabajo” y la obra le parecía para nada seria y sí muy juguetona.

–Rafa había trabajado conmigo en varias ocasiones, entre ellas el homenaje que le hicimos a Dragún en el año 2001, con Historias para ser contadas –dice Rosa Luisa–. Y ya llevamos cinco años… se hace por periodos, usualmente para la época de San Valentín o en Navidad. En el 2012 presentamos ¿Cortadito o capuchino? por primera vez.

–Estoy en esto en calidad de músico y a veces me dejan decir par de cositas –dice Rafael, quien también trabajó más recientemente con Rosa Luisa en Las hijas de la Bernarda y La zapatera prodigiosa–. Creo que con la madurez de los actores y actrices ha habido una entrega histriónica más sólida. Según sea la época del año en que se presente la propuesta, se matiza para hacerla más pertinente.

–Algo muy interesante entre la primera función de hace cinco años y las de ahora es que Yan y Lorena regresan a sus personajes originales, porque hubo un momento en el que en la obra trabajaron Marisé “Tata” Álvarez y Lidy López –apunta Rosa Luisa–. Lorena estuvo embarazada, Yan se fue a estudiar a California y ahora que regresa se ve más joven.

Para Yan, Abracadabra no solo es un espacio “mágico”, sino que también es objeto de unos afectos muy profundos.

–Fui de la segunda generación que entró a trabajar aquí, ayudé a construir el escenario, junto con mi hermano –dice Yan–. Y cada vez que hablo de la obra y del proyecto de Abracadabra las lágrimas se me quieren salir. Ha sido una experiencia que me llena mucho, con una obra muy hermosa, con un grupo muy amoroso en un espacio, como te dije, maravilloso. El hecho de haber creado esta obra en colectivo la añade algo muy especial a esta vivencia. Cinco años después me siento más preparado, más enfocado, más consciente y con una mejor comprensión de lo que es el personaje, los diálogos y el “delivery”. Me fui porque quería estudiar, prepararme mejor y ahora regreso con mejores herramientas.

Para Lorena el espacio es vital en el proyecto... sus colores, la atmósfera, su diseño y la manera como los objetos se distribuyen en el espacio.

–Entras por esa puerta y se respira un aire tan diferente –dice–. Rosa Luisa trajo magia a esta obra. Cuando vimos el libreto lo hicimos nuestro y lo puertorriqueñizamos. Estoy bregando con gente muy brillante que me reta mucho, de la misma forma que Rosa Luisa lo hizo cuando llegué al grupo.

–Es que ellos traen mucho talento, pero no lo sueltan y la función del director es, entre otras cosas, viabilizar ese proceso para que se atrevan –explica Rosa Luisa–. Se juega mucho… recuerda que todos ellos, excepto Lorena, fueron estudiantes míos. Fue a Lorena a quien debimos incorporar al grupo.

–Me encontraron como un perrito en la calle y dijeron, “¡mira, qué chula!, si la bañamos se va a ver linda, y así fue –dice Lorena con una sonrisa.

–Y ella se dejó bañar... –dice Rosa Luisa–. Hay que jugar mucho y al mismo tiempo darles la confianza para que ellos sepan que no se van a caer. Otro de los desafíos es arriesgarse a usar todo el espacio, con los espectadores literalmente frente a los artistas. Cada cual propone sus visión y Rafael, quien es una enciclopedia musical, propone la suya.

–Rafael no solo es un genio musical, sino que también tiene la capacidad de sentir al actor y lo que necesita –añade Lorena–. Él tiene una armonía con nosotros desde lejos y siempre está ahí. Es impresionante. Hemos hecho esta obra muchas veces y siempre siento como si fuera la primera vez.

–Ese público que viene cada miércoles nutre la energía de todos nosotros –dice Rafael–. Las reacciones son muy diversas y eso incide en lo que pasa en la obra. El público hace que la obra sea siempre nueva cada vez.

–Yo también trabajé en Abracadabra desde que abrió sus puertas y soy del elenco original de ¿Cortadito o capuchino? –señala Jessica Rodríguez–. Israel y yo trabajamos mucho juntos en el Teatro Rodante de la Universidad. Para mí, como actriz, esta obra es muy divertida, un paseo muy hermoso. El texto de Dragún es estupendo y ya lo habíamos trabajado con Rosa Luisa en la Universidad. Actuar junto a Israel y el resto de mis compañeros es una fiesta.

Jessica dice que no es que ahora –a cinco años del inicio de estas presentaciones en Abracadabra– sea más fácil interpretarla por las experiencias vividas, solo que “es prácticamente orgánico”.

–Es como si tuviera tatuado el personaje –añade–. Fluye de una manera muy natural, pero lo sorprendente es que de alguna manera eso no ha cambiado, se mantiene el mismo riguroso cuidado de cada detalle, gracias a Rosa Luisa, que está presente en todas las funciones. Claro que nosotros tenemos la oportunidad de aportar, pero siempre bajo el amoroso cuidado de ella, quien es una mujer sumamente celosa de los detalles. Este cuidado es especialmente importante por la naturaleza de la obra y del espacio, porque si uno se deja llevar por el gustito podría salirse de los linderos establecidos.

En fin, dese la vuelta este miércoles por Abracadabra, en el número 1661 de la avenida Ponce de León, a una cuadra de la calle Del Parque, teléfono (787) 200-0447 (hay estacionamiento media cuadra más adelante), entérese cómo acaba el romance de María y José y apoye el trabajo de nuestra gente de teatro. Gracias, muchas gracias.

#Abracadabra #Rosa #teatro

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